Masterandcommander es un bulo.
O eso me pareció al leer este post suyo. Leedlo quienes le contestaseis a "Echad una mano a (...)", porque creo que este señor se dedica a crear polémica para partirse de risa, como betita. Copio y pego:
"Por qué es una gran suerte que las mujeres nos prefieran con dinero" Enviado por masterandcommander el 12 noviembre a 01:24
Pensadlo un momento, gentes: todo el que se lo proponga, viejo o joven, feo o guapo, alto o bajo, blanco o negro, puede tener dinero. Basta con trabajar más o ser más osado y robarlo. Si eres malote, todavía les gustarás más. En cambio ¿qué ocurre con ellas? Para gustarnos, tienen que ser jóvenes y bellas. Da igual si son listas o tontas, altas o bajas, si saben leer o si no saben hacer la O con un canuto. Las pobres se creen que elige. Infelices. En un mundo hecho a nuestra medida, para salir a competir, primero tienen que ajustarse a nuestra demanda: las queremos flacas pero con tetas grandes, el sexo depilado por completo, el cabello largo, por supuesto ni un pelo fuera de lugar en el cuerpo. El único sitio donde una mujer tiene tolerado tener pelo es la cabeza. El cráneo, para ser más exactos, no descuidéis depilaros las cejas ni el bigote. Si no tienen tetas se las pondrán, si tienen pelos se los quitarán, se dejarán el papo como si fueran muñecas; y todavía te vendrán balbuceando sobre higiene, cuando lo hacen simplemente porque a nosotros nos gusta, ¿Que una chica puede tirarse a cualquier tio? Por supuesto. Pero no conservarlo a su lado; y resulta que su mentalidad no contempla como triunfo el acostarse con uno, sino el que se enamore de ella. Ahora vendrán cincuenta a decir que ellas practican el sexo sin amor y que usan a los tipos como kleenex. Da igual, detrás vendrán otras cincuenta a decir que las primeras tienen moral muy laxa y que ellas son distintas y especiales. Cualquier tipo de cuarenta años con algo de labia puede beneficiarse a un bombón de veinte; por lo general basta con darse aires de hombre de mundo y llevarla un par de veces a un restaurant donde las gambas se pelen con cuchillo y tenedor. Para más inri, ella pensará que su encanto y madurez han seducido al "sesudo y sabio" cuarentón, en lugar de sus tetitas bien tiesas. ¿Y las de treinta? Tal vez sean las que dan más pena. Se ven jóvenes, pero sólo ellas a sí mismas. Los demás oimos sus gritos de socorro escondidos tras poses de independencia; se les pasa el arroz y lo saben. Ningún triunfo personal ni profesional les quita la angustia si llegan a los treinta y no tienen una relación personal significativa. Es tan fácil tirárselas que no hace ni gracia. ¿Las de cuarenta? Buen bocado para los de sesenta que no quieren hacer el ridículo. Al menos a esa edad ya saben que no son jóvenes y agradecen los cumplidos. Por encima de cincuenta, las mujeres no existen. Tal vez alguna patética actriz recauchutada, pero no hay más que ver el fracaso de Sharon Stone en su regreso y eso que el cuerpo mostrado en la peli no era el suyo. Son tan artificiales que no llaman la atención a nadie. Han perdido la esencia. Más allá no hay mujeres, hay abuelitas. En cambio nosotros, a los treinta somos chavales a los que se nos perdonan inmadureces; a los cuarenta, las de veinte se nos rifan, sobre todo si somos casados, por eso de quitarle el macho a otra hembra; a los cincuenta, si hemos sido listos, tendremos dinero y con él, a cualquier mujer que se nos antoje. A los sesenta todavía podremos sacar de ejemplo a Harrison Ford o a Keith Richards y si queremos paz, levantarnos a una cuarentona. ¿Cuántas actrices o cantantes de sesenta años podéis citar que liguen como Harrison Ford o Sean Connery? Valéis mientras sois jóvenes y bonitas; pero mientras eso ocurre, no os tomamos en serio porque os dedicáis a depilaros el conejo para nosotros."
Si todo este manifiesto irreal, desfasado, vulgar... es de veras su opinión, me avergüenzo de que sea andaluz (que no de serlo yo), y le contesto: Tú con treinta eras tonto, con cuarenta serás más tonto, con cincuenta te habrás titulado cum laude entre los tontos, y con sesenta estarás coronado; y, cuando mueras, cambié de opinión: ni en los museos de antropología. Vuelve a la caverna. Y, si no es cierto, búscate otro entretenimiento, que aquí hay personas que de verdad necesitan opiniones válidas, y no la de un niñato aburrido.
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