La situación más embarazosa que he tenido en mi vida fue una ocasión en la que fui descubierta masturbándome.
Yo tenía catorce años de edad. Era primavera, el mes de Mayo o así. Estaba en el Colegio sentada en medio de una aburrida lección de geografía. Mi escritorio se encontraba en una esquina en la parte trasera del aula y podía permitirme estar distraida sin que la profesora se diera cuenta. Aquel día comencé a mirar por la ventana a un chico muy guapo que estaba arreglando el jardín del Cole sin su camisa puesta. Yo soy muy atractiva y por aquel entonces era una de las chicas más sexys del Colegio. Ya se me conocía por mi afición a los chicos, lo que significa que era más o menos etiquetada como un pendón. Además siempre iba muy ceñida porque me gustaba mostrar lo que cada vez iba destacándose más en mi cuerpo; sobre todo mis pechos.
El aula donde estaba la clase era muy pequeña, en ella estábamos aproximadamente 26 personas, unas 18 mujeres y el resto, eran chicos para nada atractivos.
Mirar a aquel chico tan guapo empezó a excitarme mucho, la maestra, una señora mayor llamada Cristina había escrito notas en la pizarra para que las anotáramos en nuestros cuadernos mientras ella estaba sentada en su mesa.
El aula estaba en completo silencio, aunque algunos podían hablar con su compañera de pupitre. Yo estaba sola, porque mi compañera se había ausentado ese día. Como yo escribía muy rápido pronto me quedé sin cosas que copiar de la pizarra y mi imaginación comenzó a flotar mientras miraba el torso desnudo del jardinero. Mi mano estaba colocada en mi entrepierna, así, un poco como distraída, y repentinamente comencé a sentir que esa parte de mi cuerpo se humedecía y comenzaba a latir. Di un vistazo rápido para asegurarme que todo mundo estuviera concentrado en su trabajo y que la maestra no me prestara atención. Descubrirme libre de toda atención me excitó aún más e intenté introducir mi mano bajo el pantalón. Pero no pude; ya he dicho que iba muy ceñida. De modo que me desabroché el cinturón, y bajé el cierre de la cremallera con mucho cuidado, me levanté un poquito para bajarlo hasta mi cadera, y después me baje también las bragas. Seguí bajándolas aun más junto con el pantalón hasta dejarlos a la altura de mis muslos, con lo que quedé sentada en el desnudo asiento con el trasero y mis partes al aire.
Comencé a frotar mis pechos por encima de la ropa teniendo cuidado de que nadie lo advirtiera. Mis pezones se pusieron duros como piedras y comenzaron a destacar a través del sujetador y la blusa. Estaba tan excitada que no podía detenerme. Acaricié mi vulva con suavidad, pero se despertaron unas sensaciones tan intensas que metí dos dedos en mi vagina al mismo tiempo que daba otro vistazo al aula para ver que todo iba bien. Saqué los dedos completamente humedecidos y comencé a masajear mi clítoris con esos dedos (el índice y el medio) moviéndolos de arriba abajo. Nadie parecía notar lo que estaba haciendo porque lo hacía en silencio y evitando mover demasiado el brazo, sólo la mano. Mi excitación fue creciendo y ya no pude mantener mi prudencia con lo que comencé a moverme cada vez más y más rápido. De pronto sentí como me empezaba a venir el orgasmo y trate de detenerme. Pero no pude, estaba demasiado excitada como para ir hacia atrás. Continué frotándome hasta que me corrí. No pude evitar que mis fluidos salieran disparados y mojaran hasta mi pantalón.
Empecé a gemir de placer y volví a frotar mi clítoris de nuevo hasta que experimente un nuevo orgasmo. Seguía sin poder detenerme y cuando éste llegó grité en alto: me corro, me corro. Mi cuerpo se estremecía y toda la clase se volvió a ver lo que sucedía, y vieron cómo me estaba frotando y experimentaba otro orgasmo.
Cuando terminé miré a la clase y me di cuenta de que todos estaban mirándome. Sabían perfectamente lo que acababa de hacer y por si fuera poco mis pantalones bajados me dejaban en una posición poco airosa.
La maestra se levantó y llegó a mí justo cuando ya había conseguido subirme las bragas y los pantalones, aunque aún no había conseguido abrocharlos por completo.
Me cogió del brazo y me llevó al director donde tuve que dar mil explicaciones de lo que había estado haciendo.
Me expulsaron del Colegio por dar un mal ejemplo a los demás (cómo si en mi clase fuera yo la única que se hacía pajas).
Fue el momento más embarazoso de mi vida. Porque luego tuve que aguantar la reprimenda de mis padres.
De todos modos, no guardo tan mal recuerdo de aquella ocasión porque pude darme cuenta de que era multiorgásmica.
A pesar de todo lo que me pasó después, estaréis conmigo que era todo un morbazo hacerse una paja allí delante de todos ¿verdad?
¿No os habéis masturbado nunca en clase? ¿Alguien os vio?