Todo sobre la epidural
¿Cómo funciona la epidural?
La epidural proporciona alivio constante en la parte inferior del cuerpo y a la vez permite que te mantengas completamente consciente. La medicación se administra a través de un catéter, un tubo muy delgado, flexible y hueco, que se inserta en el espacio epidural, situado justo en el exterior de la membrana que rodea la espina dorsal. Para que se pueda insertar el catéter, tienes que sentarte en el borde de una camilla o de la cama, (algunas veces pueden pedirte que te pongas de costado sobre la cama, o sobre una camilla, en posición fetal, aunque lo más normal es que lo hagan estando tú sentada), mientras el anestesista te limpia la espalda, inyecta el área con anestesia e introduce la aguja con mucho cuidado en la parte baja de la espalda. Puede parecerte un proceso doloroso, pero, para la mayoría de las mujeres, no lo es. Después el anestesista pasa el catéter a través de la aguja, retira la aguja y sujeta el catéter con esparadrapo, de modo que te puedan administrar la medicación contra el dolor a medida que la necesites. Cuando el anestesista haya acabado, te podrás acostar sin que se te mueva el catéter.
Primero te administrarán una "dosis de prueba" de la medicación para asegurarse de que la epidural está correctamente colocada y, si no hay problemas, te suministrarán la dosis completa. Una vez inyectada la epidural, se monitoreará constantemente el ritmo cardiaco del bebé y se controlará tu tensión arterial aproximadamente cada cinco minutos durante un rato para asegurarse de que no esté causando efectos adversos.
En general, la medicación administrada por la epidural es una combinación de un anestésico local y un narcótico. La anestesia local bloquea las sensaciones de dolor, tacto, movimiento y temperatura, y el narcótico calma el dolor sin afectar a la capacidad de mover las piernas. Empleados de forma conjunta, proporcionan un buen alivio del dolor con menos pérdida de sensación en las piernas y con una dosis total menor que la que necesitarías si se empleara sólo uno de los dos medicamentos.
¿Cuáles son las ventajas de utilizar la epidural como calmante durante el parto?
Publicidad La epidural es un calmante muy efectivo que puede utilizarse durante todo el parto (aunque por regla general no te la pondrán hasta que ya lleves varios centímetros de dilatación).
El anestesista o la matrona puede controlar los efectos regulando el tipo, la cantidad y la intensidad de la medicación. Esto es importante porque a medida que progresa el parto y el bebé desciende por el canal del parto, la dosis que te administraron podría perder efecto, o de pronto, podrías tener dolor en otra área.
Como el efecto de la medicación es local, estarás despierta y alerta durante el parto y el alumbramiento. Y, al no sentir dolor, podrás descansar si lo deseas (¡o incluso dormir!) mientras el cuello del útero se dilata. Como resultado, tal vez tengas más energía cuando llegue el momento de empujar.
A diferencia de los narcóticos generales, sólo una pequeña cantidad de la medicación llega al bebé.
Una vez que se coloca la epidural, se puede utilizar para suministrarte anestesia en caso de que tengan que hacerte una cesárea o si te van a ligar las trompas después del parto.
¿Cuáles son las desventajas?
Tienes que permanecer en una posición un poco incómoda entre 10 y 15 minutos mientras te colocan la epidural, y esperar otros cinco a 20 minutos hasta que el efecto sea completo. Sin embargo, esto es un inconveniente menor cuando el beneficio que se obtiene es horas sin dolor.
Según el tipo y la cantidad de medicación que recibas, puedes perder un poco de sensación en las piernas y no ser capaz de ponerte de pie. En algunos casos, particularmente al comienzo del parto, se precisa muy poca anestesia para aliviar el dolor, de manera que podrás conservar la fuerza y la sensación habitual en las piernas y moverte sin dificultad. (Esto se denomina "bloqueo sensitivo".) De todos modos, muchos médicos y hospitales no te permitirán levantarte de la cama después de aplicarte la epidural, independientemente de si piensas que puedes caminar o no. La epidural requiere que te pongan suero a través de un gotero (para evitar una bajada de tensión), control frecuente de la tensión arterial y monitoreo fetal constante.
La epidural puede bajar el ritmo del parto, por lo que tal vez necesites un medicamento (oxitocina) que estimula las contracciones para recuperarlo.
La epidural a menudo hace que el momento de empujar sea más largo. La pérdida de sensación en la parte inferior del cuerpo hace que el reflejo de empujar se debilite, y tal vez te resulte más difícil dar a luz. Quizás prefieras que te disminuyan la dosis en el momento de empujar de modo que puedas participar más activamente en el alumbramiento, pero el efecto de la medicación puede tardar algún tiempo en reducirse lo suficiente como para que sientas lo que estás haciendo, y no existen pruebas de que disminuir la dosis de epidural realmente acorte esta etapa del parto.
La epidural aumenta la posibilidad de una extracción por ventosa obstétrica o el uso de fórceps, lo que a su vez incrementa el riesgo de desgarros importantes.
En algunos casos, la epidural calma el dolor solamente en ciertas partes. Esto se puede deber a las diferencias anatómicas entre una mujer y otra o a que la medicación no llegue a todos los nervios de la columna vertebral al propagarse por el espacio epidural. El catéter también puede moverse ligeramente y, aunque haya funcionado bien al comienzo, terminar calmando el dolor sólo en algunas partes. (Si comienzas a experimentar dolor en ciertas zonas, pide que llamen al anestesista o a la comadrona para que te regule la dosis o reinserte el catéter.)
Los medicamentos utilizados en la epidural pueden reducir momentáneamente la tensión arterial, y como consecuencia disminuir el riego sanguíneo hacia el bebé, lo que a su vez disminuye su propio ritmo cardiaco. (Esto se trata mediante administración de fluidos y, en algunos casos, con medicación.)
Uno de los narcóticos administrados a través de la epidural (fentamilo) puede causar picores, particularmente en la cara. También puedes experimentar un ligero temblor y una bajada de tensión. También pueden provocar náuseas, aunque esto es menos probable con la epidural que con una medicación general para el dolor, y algunas mujeres sienten náuseas y vomitan durante el parto aun sin medicación para el dolor.
La anestesia que se administra por medio de la epidural puede hacer más difícil que sientas cuándo tienes ganas de orinar. Además, si no puedes usar una cuña u orinal de cama (que para mucha gente es más difícil que ir al baño) tal vez sea necesario que te coloquen un catéter para drenar la vejiga.
La epidural aumenta el riesgo de que te suba la fiebre durante el parto. Nadie sabe a ciencia cierta la razón, pero una teoría dice que, al jadear y sudar menos porque no sientes dolor, a tu cuerpo le es más difícil disipar el calor generado por el parto. Esto no aumenta el riesgo de que tú o tu bebé contraigáis una infección, pero como no se sabe claramente si la fiebre aparece a causa de la epidural o de una infección, tú y tu bebé podríais acabar recibiendo antibióticos innecesarios.
La epidural se asocia con un mayor número de bebés que nacen en posición occipital posterior o "cara arriba" en el momento del parto. Las mujeres cuyos bebés "vienen de cara" tienen un trabajo de parto más largo, suelen necesitar medicación para acelerar las contracciones con mayor frecuencia y presentan un porcentaje de cesáreas significativamente más alto. (De todos modos, existe cierta controversia sobre si realmente es la epidural la que contribuye a que los bebés terminen en esta posición o si hay otros factores implicados.)
En una de cada 100 mujeres, la epidural causa intensos dolores de cabeza que pueden durar días. (Puedes reducir el riesgo de dolor de cabeza manteniéndote lo más quieta posible cuando se te está colocando la aguja.)
En muy raras ocasiones, la epidural puede afectar la respiración y en casos extremadamente raros puede causar infecciones o lesiones en los nervios.
¿Quién no puede recibir la epidural?
No todas las futuras mamás son buenas candidatas para este tipo de calmante. No te podrán dar una epidural si tu tensión es más baja de lo normal (ya sea por pérdida de sangre u otros problemas), si tienes algún trastorno hemorrágico, si tienes una infección en la sangre o en la piel de la parte inferior de la espalda, donde te deben colocar la aguja, o si anteriormente has tenido una reacción alérgica a la anestesia local. Las mujeres que toman medicamentos anticoagulantes tampoco pueden recibir esta clase de calmante.
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