¡Qué bien suenan los versos de once sílabas
con sus acentos en la sexta y décima!
Suenan a viento suave entre los árboles,
o al íntimo rumor de los arroyos
discurriendo en los valles
por montañas nevadas...
A mí me suenan
a dulzura de miel, a compañía,
a pentagramas limpios,
a los claros de luna
en las noches serenas del verano.
Pueden decirlo todo,
desde el cándido lirio
a la pasión del mar sobre las rocas.
Convertirse en el pulso de la sangre
o en secreta mirada.
Suenan tan bien
como tu voz sonaba por las noches
cuando hablaba contigo por teléfono
bajo las sombras verdes de los pinos.
Son versos lo que llevo - ¿desde cuándo? -
que suenan como suenan
las cosas más hermosas que conozco.
Una presencia oculta que me sigue
desde mi adolescencia:
la poesía sí, la poesía
que casi siempre veo
tan sólo a veces dentro de mí mismo
o cuando escucho el viento entre los árboles,
y el suave discurrir de los arroyos
que bajan por lo valles
en pequeñas cascadas...
... o en alguien como tú,
esa leve presencia como el aire
que acompaña mis días,
que se hizo como un verso endecasílabo
cadenciando la voz de mis palabras
haciéndolas más puras, más hermosas
haciéndolas canción irrepetible...
Syntonic.