Querría inmortalizarte en unos versos. Reflejarte, describirte, tallarte con mi lápiz y recrearte tal como vives en mi mente. Dejarte esculpida en la estatua de un poema. En una arquitectura de palabras, para darte más tiempo, por que perdures más con tu sonrisa. A través de cuántos espejos, la luz de tu imagen ha venido a mí, de cuánto cable y de cuántos circuitos. Cuántas veces has sido descompuesta en códigos, en ceros, unos; cuántas te has desmaterializado y reestructurado hasta llegar a mí!. Has venido a posar una mirada, un movimiento en mí que ha encendido la yesca de un anhelo oculto con ese fuego especial que de ti mana. Me surgen sin querer palabras de deseo, de admiración. Me deleito en ti como si fueras algo mío y te incorporo a mi vida como si fueras alimento. Te dedico palabras que nunca han de llegarte ( mientras voy hacia la mar por otro río ). Y me duermo soñando con una presencia que yo quisiera para mí. Querría que mis versos fueran otra lámpara de Aladino y que al recitarlos, aparecieras como un hada maravillosa cambiando el mundo. Has pasado por mi vida como pasa un cometa de los que tardan muchos años en volver. ¿Te veré alguna vez?.
Mientras, me dedicaré a sustituirte, a respirar la fragancia de los jazmines en los parques o las violetas al atardecer. ¿Sabías que las violetas son mis flores preferidas?. Además, huelen como tú... a amor.