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| Mensaje que originó la charla: | "Hermano callejero" Enviado por notesalves el 10 julio a 16:50
Hermano callejero Con una pata colgando, despojo de una pedrada pasó el perro por mi lado, un perro de pobre casta
Uno de esos callejeros, pobres de sangre y estampa Nacen en cualquier rincón, de perras tristes y flacas destinados a comer basuras de plaza en plaza
Cuando pequeños, qué finos y ágiles son en la infancia baloncitos de peluche, tibios borlones de lana los miman, los acurrucan, los sacan al sol, les cantan
Cuando mayores, al tiempo que ven que se fue la gracia los dejan a su ventura, mendigos de casa en casa sus hambres por los rincones y su sed sobre las charcas
Qué tristes ojos que tienen, que recóndita mirada como si en ella pusieran su dolor a media asta
Y se mueren de tristeza a la sombra de una tapia si es que un lazo no les da una muerte anticipada
Yo le llamo: psss, psss, psss. Todo orejas asustadas todo hociquito curioso, todo sed, hambre y nostalgia el perro escucha mi voz, olfatea mis palabras como esperando o temiendo pan, caricias... o pedradas no en vano lleva marcado un mal recuerdo en su pata
Lo vuelvo a llamar: psss, psss. Dócil a medias avanza moviendo el rabo con miedo y las orejitas gachas
Chasco los dedos; le digo: "Ven aquí, no te hago nada vamos, vamos, ven aquí" Y adiós la desconfianza
Que ya se tiende a mis pies, a tiernos aullidos habla ladra para hablar más fuerte, salta, gira; gira, salta llora, ríe; ríe, llora; lengua, orejas, ojos, patas y el rabo es un incansable abanico de palabras
Es su alegría tan grande que más que hablarme, me canta "¿Qué piedra te dejó cojo? Sí, sí, sí, malhaya"
El perro me entiende; sabe que maldigo la pedrada aquella pedrada dura que le destrozó la pata y él, con el rabo, me dice que me agradece la lástima
Pero tú no te preocupes, ya no ha de faltarte nada Yo también soy callejero, aunque de distintas plazas y a patita coja y triste voy de jornada en jornada
Las piedras que me tiraron me dejaron coja el alma. Entre basuras de tierra tengo mi pan y mi almohada
Vamos, pues, perrito mío, vamos, anda que te anda con nuestra cojera a cuestas, con nuestra tristeza en andas yo por mis calles oscuras, tú por tus calles calladas tú la pedrada en el cuerpo, yo la pedrada en el alma y cuando mueras, amigo, yo te enterraré en mi casa bajo un letrero: "Aquí yace un amigo de mi infancia"
Y en el cielo de los perros, pan tierno y carne mechada te regalará San Roque una muleta de plata.
Compañeros, si los hay, amigos donde los haya mi perro y yo por la vida: pan pobre, rica compaña
Era joven y era viejo; por más que yo lo cuidaba el tiempo malo pasado lo dejó medio sin alma
Y fueron muchas las hambres, mucho peso en sus tres patas y una mañana, en el huerto, debajo de mi ventana lo encontré tendido, frío, como una piedra mojada un duro musgo de pelo, con el rocío brillaba.
Ya estaba mi pobre perro muerto de las cuatro patas Hacia el cielo de los perros se fue, anda que te anda las orejas de relente y el hociquillo de escarcha. Portero y dueño del cielo San Roque en la puerta estaba: ortopédico de mimos, cirujano de palabras bien surtido de intercambios con que curar viejas taras
"Para ti... un rabo de oro; para ti... un ojo de ámbar tú... tus orejas de nieve; tú... tus colmillos de escarcha Y tú, (mi perro reía), tú... tu muleta de plata"
Ahora ya sé por qué está la noche agujereada: ¿Estrellas... luceros...? No, es mi perro cuando anda... con la muleta va haciendo agujeritos de plata.
Manuel Benítez Carrasco (1922-1999 )
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| Contenido de las respuestas: | | "Sin palabras" Enviado por hitocondria el 13 julio a 20:13
merece que esto esté muy alto,por lo tanto lo subo.
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| | "Callejero " Enviado por notesalves el 10 julio a 16:51
Lo vi deslizarse entre las sombras de la noche, su escuálida silueta se me antojó un espectro que sin destino vagaba, solitario y perdido, buscando saciar su hambre entre los despojos y aplacar su sed, en algún charco ennegrecido, para luego, hambriento, sediento y aterido de frío, hacer de cualquier miserable rincón su lecho. Sé que era atroz su miedo al ser humano, pues él fue quién hirió su carne y enflaqueció su cuerpo. Su única amiga era la soledad, perpetua compañera, su único pecado, ser más débil que su dueño. En sus ojos lánguidos creo que vi lágrimas, y era en ellos la tristeza el reflejo de quien asustado no puede comprender, porqué causando dolor, y porqué de su absurda y cruel violencia el hombre se ha de valer para sentirse amo y señor de tantos seres, indefensos en su inocencia. No buscaba la piedad, hacía tanto que ya no creía en ella, pues con golpes fue pagada su fidelidad, con desprecio su amor y su celo, conoció el odio y la rabia, quiso defenderse más ya no halló fuerza entre su piel y sus huesos. Huyó, para convertirse en una criatura perseguida y acosada pues grave era su delito: no lucir un collar en el cuello; tan peligrosa bestia jamás podría gozar de libertad y es que el hombre, sin palos ni cadenas para atar, también siente miedo. Fueron sus días errantes, una angustiosa búsqueda de cobijo y sustento, sus noches, la trágica historia de quien por sobrevivir, rozó la muerte, y sintió tan próxima su helada caricia que elevó al cielo su aullido, lastimero gemir, y fue únicamente la luna testigo de su agonía y su lamento, tan solo ella, vio llorar a aquel perro. ... Ya lo recogen con repugnancia del asfalto, al hombre le da asco el cuerpo que él mismo aplastó. Ahora reposa entre basuras, y en esa su tumba, de todos olvidado, yacen los restos del pobre infeliz. Todos vimos tan triste espectáculo, y como la sangre bañaba su cuerpo deshecho, la misma que tantas veces su lengua lamió. Lo que nadie vio en aquel cadáver destrozado fueron las otras heridas, también abiertas, las de su corazón.
Julio Ortega Fraile
http://www.findelmaltratoanimal.blogs pot.com/
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