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| Mensaje buscado: | "Madre mía, menuda historia" Enviado por iloveclara el 26 octubre a 16:02
siento por lo que has tenido que pasar pero creo que tus hermanos te quieren mucho y lo único que hacen es intentar no hacerte demasiado caso para que puedas salir a flote y no te quedes entre algodones .... como si a un niño pequeño cuando se cae no le dices nada, no porq no te importe si se ha hecho daño si no para que él mismo se sacuda el pantalón y piense que no es nada........
ánimo que la vida es maravillosa si la miras de cara y tienes una familia numerosa que muchos quisieran para sí levántate mañana como si fuera el primer día de tu vida y acércate a tu familia, sin dramatismos ni nada con alegría! y quedar para tomar un café y una buena velada y olvida todo lo anterior porque lo pasado, pasado está
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He aquí la totalidad de la charla donde figura el mensaje:
| Mensaje que originó la charla: | "Mis hermanos me han rechazado. ¡¡¡ayuda, por favor!!!" Enviado por artfutura el 20 octubre a 18:29
Tengo 40 años y provengo de una familia numerosa en la que yo soy la mayor de 6 hermanos: me siguen mi hermano Ricardo (39 años), Javier (37 años), Eduardo(35 años), Sara Isabel (33 años) y Elena (29 años).
La verdad es que, no sé si por la educación que nos han dado nuestros padres (bastante estricta, muy falta de manifestaciones de cariño, muy exigente en cuanto a nuestro comportamiento social y estudiantil, muy individalista y poco familiar -en casa, prácticamente nunca se ha celebrado un cumpleaños de alguno de nosotros, las navidades hace ya muchos años que se pasan como un día normal, hasta hace muy pocos años no se nos ha permitido meter en casa a nuestros novi@s, las reuniones familiares terminaron hace ya bastantes años, etc.-) o por la propia personalidad de cada uno de los hermanos, lo cierto es que nunca hemos sido una familia "típica", nunca hemos sido una familia unida.
Y siempre he pensado, además de que me lo han reprochado en multitud de ocasiones, que buena parte de la responsabilidad (y no digo "culpa" porque creo que en las circunstancias que voy a exponer pueda hablarse de culpables) la he tenido yo.
Como he dicho, tengo 40 años y soy una enferma mental aguda diagnosticada de Trastorno Límite de la Personalidad desde 2004, tras uno de mis múltiples intentos de suicidio, si bien es cierto que he tenido problemas psicológicos graves desde los 14 años: anorexia (actualmente me encuentro en una grave cuesta abajo de la enfermedad: mido 167cm. y ya sólo peso 46kg.), bulimia (superada), neurosis que han derivado en brotes psicóticos, cleptomanía (superada), trastornos obsesivo-compulsivos, trastorno del control de impulsos, dependencias (del alcohol y las drogas -superadas-), gravísimas autolesiones (superadas), gravísimos intentos de suicidio (superados, por ahora), una nula autoestima, un terror indescriptible al abandono, un dolor y una culpa interna que me carcomen por el daño que que les he hecho a las personas que me quieren, una gigantesca necesidad de que me quieran y me acepten como soy (especialmente mi madre), una sensación de vacío y de soledad permanentes que nada puede calmar -y reconozco que tengo muchas cosas en mi vida -como al marido más maravilloso del mundo que me adora y que es el que me ha salvado la vida varias, permitiendo que esté hoy aquí escribiendo estas líneas- y que es hasta pecado que me queje de algo-, etc.).
Y ante este infierno de enfermedad, como es lógico, mientras todavía estaba en casa de mis padres, con mis hermanos, reconozco la vida conmigo en aquella casa era poco menos que insufrible. Y así me lo ha hecho saber en multitud de ocasiones mi madre, acusándome de haber destruido a la familia como tal y de haberla llevado a la ruina económica (pues, siendo de Sanitas, comenzaron por llevarme a un psiquiatra -que me violó y que provocó mi primer intento de suicidio- y, después, a todos los psicólogos privados que les recomendaban y que acabaron con los ahorros de mis padres). Esta culpa (y ahora sí hablo de culpa porque la siento así) vive conmigo desde entonces, porque, debido al mantenimiento y posterior desarrollo de mi enfermedad, todavía no he sido capaz de compensarles por lo que les hice y porque, por desgracia para mí, porque mi madre tampoco olvida, y en los malos momentos sigue y sigue y sigue reprochándome lo que paso entre los 14 años que comencé a enfermar y los 28 en los que me independicé.
Esa independencia supuso para mí una enorme liberación, una sensación de quitarme de encima la pesada carga que sentía que llevaba encima viviendo con mis padres y que me había llevado a pensar que, para ellos, ya sólo era su cubo de la basura: de todo lo malo que ocurría en casa, la culpable era yo. Y nadie se puede imaginar el alivio que supuso para mí el ver que, una vez que yo ya no estaba en esa casa, cada uno de mis hermanos empezó a manifestar sus propios problemas psicológicos: mi hermano Ricardo, alcoholismo; mi hermano Javier, sus problemas de relación con las mujeres; mi hermana Sara, su rotundo rechazo hacia los hombres; mi hermana Elena, sus trstornos de la alimentación. Sólo Eduardo fue capaz de organizarse su propia vida, marcharse de casa y triunfar. Pero todo aquello me demostró que yo había estado siendo utilizada para tapar con mi enfermedad los problemas de los demás.
El caso es que pasaron los años, yo conseguí estabilizarme más o menos, encontrar un buen trabajo y volver a destrozar mi vida emocionalmente al mantener, a los 30 años, una relación con una persona 10 años más joven que yo que fue la que me metió en las drogas (de las que, gracias a Dios, tras dos años de enganche, pude salir sin problema alguno), que me obligó a abortar cobardemente cuando lo que más quería en este mundo era tener ese bebé y que finalmente me dejó tirada en la calle con 600, mi coche, mi ordenador y todos mis libros.
Estuve 3 años sola, tratando de superar el hipertrauma que me había causado y de curar las heridas que, por más que lo intentaba, no conseguía cerrar. Me agarré a mi trabajo (soy profesora universitaria), a l@s poc@s amig@s que tenía y, en un principio, al alcohol, aunque poco a poco volví a ir centrándome y éste salió, de nuevo sin problema alguno, de mi vida.
Y llegó febrero de 2003. Había hecho el doctorado y estaba terminando la tesis doctoral, pero el plazo de entrega se me terminaba en septiembre de ese año. Así que, con el apoyo y la ayuda de mis padres (que, a pesar de todo, siempre han estado ahí cuando les he necesitado), dejé el trabajo y me encerré en casa, trabajando diariamente 16h sin descanso (tuve que trasladarme a casa de mis padres porque hubo un momento en el que ya no pude más y me bloquee de tal modo que ellos, y en especial mi hermana Sara, me ofrecieron su ayuda para intentar salir del embrollo), hasta que el 17 de agosto (nunca olvidaré esa fecha) conseguí terminar mi tesis. Y comencé entonces a seleccionar a los miembros del Tribunal, a prepararles la copia de mi Tesis y a cumplir toda la burocracia que exigía la defensa de mi investigación. Y me planté en noviembre... ¡horror! sin nada que hacer: no tenía trabajo (ni perspectivas de él a corto o medio plazo), tenía todo lo relativo a la tesis preparado y sólo podía esperar a que me asignaran una fecha para la defensa y, siendo la persona hiperactiva que soy, no podía soportar el pensar en los meses que tenía por delante SIN NADA QUE HACER. ¿Y cuál fue mi feliz idea? Apuntarme en el Match. En 5 semanas conocí a 4 personajes que volvieron a destrozarme emocionalmente hablando: yo soy una persona extraordinariamente sensible, generosa, buena, comprensiva, intuitiva, inteligente (?), tolerante, paciente... y en cada uno de ellos fui capaz de ver su interior y el dolor que cada uno de ellos llevaba dentro (yo creo que el Match es precisamente el mejor lugar para encontrar gente enferma y desesperada); y como la escritura parece ser uno de mis fuertes, a cada uno de ellos (progresivamente, me refiero: fueron uno detrás de otro) les escribí un mail en el que fui capaz de explicarles lo que yo creía que les pasaba, demostrándoles que comprendía su dolor o su problema y ofreciéndoles mi ayuda gratuitamente para intentar solucionarlo. Y claro, cada uno de ellos (salvo el primero, que lo único que quiso fue sexo y adiós) se quedó boquiabierto cuando leyó mi mail y se encontró perfectamente reflejado en él, tanto en el ámbito de su personalidad, como en lo que se refería a su problema y, sobre todo, al ver que yo les tendía la mano generosamente.
Bueno, yo no digo que fueran malos chicos, pero tenían problemas psicológicos (no sé por qué, pero tengo un don que los atraigo a todos) y no supieron comportarse a la altura de las circunstancias: el segundo me duró 2 días, y desapareció con un SMS diciéndome que yo era demasiado mujer para él; el tercero me duró 2 semanas, y me dejó por una ex- de 54 años que, según él reconocía, le destrozaba la vida pero que le tenía obsesionado, y se despidió diciéndome que yo merecía alguien mejor que él, alguien que me valorara en lo que realmente merecía, que él no era bueno para mí, etc., etc. Y el cuarto ya fue la bomba!! Era de León, estaba divorciado, tenía una hija de 12 años y me pareció que su mail era bastante más normal y comedido que todos los anteriores, y como estaba tan destrozada por lo que me acababa de ocurrir, le contesté. Como me vio mal, rápidamente me metió en el MSN y estuvimos toda la tarde hablando: resultó ser un budista, muy sedante y tranquilizador, por cierto, que consiguió calmar mi llanto al menos por un rato. Y así empezamos. Yo seguí mi táctica de siempre (escribirle mails) y él se decidió por hablar por el MSN, con lo que me pareció que estábamos en desigualdad de condiciones, porque él no me respondía a ni uno solo de mis mails y yo, sin embargo, tenía que estar pendiente a que él se conectara, que podía ser a las 10, las 10:30, las 11, las 11:30... Y se lo dije, pero me contestó que él no era de los que escribían mails, aunque me pidió por favor que yo continuara haciéndolo porque le encantaba leerme por cómo escribía y por las cosas que contaba, y que él procuraría conectarse siempre por la mañana y, por las noches, siempre a la misma hora. Y además, me dio su teléfono para que pudiera llamarle cuando quisiera o le necesitara.Y así nos tiramos dos semanas, viendo los dos que nuestros sentimientos iban evolucionando y que empezábamos a sentir algo el uno por el otro. Hasta que un finde se vino a Madrid. Y pasó lo que tenía que pasar... Y fui feliz, porque le notaba orgulloso de mí, paseando por la calle cogido de mi mano, besándome sin pudor alguno y riéndose simplemente de felicidad. Así que el día de Reyes decidí devolverle el regalo y le avisé que me iba para León. Ya la recibida me mosqueó: me cogió rápidamente, sin beso alguno, me metió en el coche como si no quisiera que nadie le viera, y me llevó a su casa. Allí pareció relajarse un poco y pasamos una noche de ensueño... Al día siguiente habímos quedado en que me enseñaría la ciudad, pero me di cuenta que ni me dejaba cogerle la mano, ni me miraba a la cara, un beso... ¡ni de coña! y de ver León ni hablar. Me llevó a la montaña, a ver ríos con truchas, a pasar más frío que en el Polo Norte y a recorrer caminos de cabras. Y al llegar a casa ni cena ni nada: un poco de cecina a palo seco y a ver la tele. ¡Yo flipaba! De rabia, de dolor, de humillación... Y descubrí en la cocina un barril de vino y me agarré una toña del 15. Y al salón a ver la tele hasta que, sin darme cuenta, me quedé dormida en el sofá. Y de pronto me desperté, asustadísima porque no sabía dónde estoy, y a trompicones por el pasillo y abriendo puerta tras puerta, llegué a su dormitorio, encendí la luz y le dije: "¿Pero tú de qué vas? ¿No podías haberme despertado o traído aquí?". Y me dijo: "Es que estabas dormida". Y me cogió, me desnudó brutalmente, me hizo el amor a lo bestia, y cuando terminó, se dio la vuelta y a seguir durmiendo. Y yo a llorar porque ya había descubierto la verdad de su historia. Al día siguiente me despertó temprano porque decía que tenía que ir a Madrid y que me llevaba (cuando los planes iniciales eran que pasara el finde con él). Así que me levanté, me duché, recogí mis cosas, me tomé un café, y a la puerta a esperarle sin decir ni mu. Pero ya en el coche reventé, y me pasé todo el camino llorando preguntándole por qué me había hecho lo que me había hecho. Él era muy tranquilo y de discutir nada, así que me quedé hablando y llorando sola todo el camino. Me dejó en casa y con un "Nos vemos", se marchó.
Y yo tuve que volver a mi cueva de los dolores a rumiar mis penas llorando como una magdalena porque me había dado cuenta que lo único que quería era tener un rollo en Madrid para cuando viniera a la capital por motivos de trabajo. Asi de sencillo.
Y esta vez mi cabeza enferma no pudo más. El 13 de enero de 2004, bajé al super a comprar cuchillas de afeitar, me bebí una botella de vino rosado espumoso, que me encanta, y tras escribir notas de despedida para toda mi familia y para alguna amiga especial, me preparé la bañera con agua bien calentita y con sales olorosas, me abrí otra botella de vino, y me corté las venas, disfrutando por primera vez en mi vida al ver cómo ésta se me escapaba por las rajas que me había hecho e iniciaba una danza de liberación en un agua que cada vez iba adquiriendo un color más rojizo.
Pero tuve la mala suerte de que mi amiga especial me llamó por teléfono, notó que estaba ebria y, sabiendo que estaba pasando por una gravísima depresion, se imaginó que algo malo estaba haciendo, y llamó al Samur. Llegaron en 5 minutos y sólo me dio tiempo a cortarme una vena más, que, como una espita de gas, llenó de sangre en 2 segundos todas las paredes del baño. Y llorando, pidiéndoles que me dejaran morir, me llevaron al hospital, me ingresaron por 10 días y me diagnosticaron Trastorno Límite de la Personalidad. Y fue a partir de este momento cuando empezaron de verdad los problemas con mis hermanos, en especial con Ricardo, el 2, y con Javier, el 3.
Al hospital vinieron a verme varias veces mi padre (jamás me he sentido tan querida por él gracias al abrazo que me dio), mis hermanas Sara y Elena, las pobres llorando desconsoladas y con las que también me abracé y sentí que recibí de ella verdadero apoyo y aceptación, mi hermano Eduardo (que tuvo la iniciativa de abrazarme como no lo había hecho en muchos años y que me hizo sentir que de verdad me quería) y su novia, y mi hermano Ricardo, que, a diferencia de los demás, siempre vino sólo (el único que no apareció jamás fue Javier). Y llegué a temer sus visitas, porque tan sólo consistían en una ristra de reproches ("ya está bien, Artfutura, estás destrozando a mamá y a papá, no piensas más que en ti misma, ya has hecho bastante daño a la familia, todo lo haces porque quieres, porque si tú quisieras podrías parar todo este infierno, me da vergüenza decir que eres mi hermana porque cuando me preguntan qué te pasa no sé que contestar"...) y de agravios comparativos ("mirame a mí, que he conseguido un trabajo de lo mío -es arquitecto-, que tengo que estar resolviendo problemas todos los días y no me da por cortarme las venas o tomarme un bote de pastillas, yo curro, no como tú, que sólo piensas en hacer daño a tus padres, yo resuelvo mis problemas y tú te los provocas, porque nos has hecho mucho daño a todos los hermanos, ni siquiera te preocupas de nosotros, a mí ni tan siquiera me llamas para preguntarme qué tal estoy..."). Y yo, llorando a lágrima viva, casi chillando del dolor que me estaba haciendo, trataba de explicarle, pero era inútil, porque mi hermano no escucha lo que no le interesa oír: es un prepotente que cree tener la razón en todo y de ahí no le sacas. A tal punto llegó la situación, que un enfermero le amenazó con echarle si seguía tratándome así, y él, entonces, decidió marcharse y dejarme en el estado en el que estaba. Y esa fue la dinámica de sus visitas (incluso estando yo en la UVI tras un gravísimo intento de suicidio, mi marido me ha contado que se rió de mí por estar atendida en la Seguridad Social -él es de Sanitas- y que como no le gustaban esos sitios, le propuso a mi esposo ir a tomar unas cañas), hasta que le pedí a mi madre que le dijera que, por favor, dejara de venir a verme.
Cuando salí del hospital, como no podía estar sola, me llevaron a casa de mis padres, y a la primera oportunidad que tuve, hablé con mi hermano Javier, pidiéndole perdón por lo que había hecho, por el daño que podía haberle causado y pidiéndole que tuviera algo de comprensión por el hecho de que estaba enferma. ¿Y cual fue su respuesta? Palabras literales: "Mira, Artfutura, no me cuentes historias porque ya me las sé todas. Lo que te pasa es que eres una mentirosa compulsiva que quieres tener a toda la familia cogida por los ... para manipularla y llamar su atención. Pero conmigo ese juego no funciona. Así que que sepas que no quiero saber nada de ti". El palo fue brutal, y más aún en el estado en el que me encontraba nada más salir del hospital.
El tiempo paso, perdoné a mis hermanos y continué manteniendo relación telefónica con ambos (aunque siempre la que llamaba era yo). Pero me recibían bien y eso me daban ánimos. Hasta que este verano, el 1 de septiembre, caí en un brote psicótico, y en mi desesperación y mis delirios comencé a llamar pidiendo ayuda a todas las personas a las que quería. Y les llamé:
* Ricardo me dijo que no quería problemas, que bastantes tenía él ya, y que en las condiciones en las que me encontraba no quería saber nada de mí y que por favor le dejara en paz.
* Y Javier me dijo que le había pillado de mala leche y que, con lo que le estaba diciendo, le estaba poniendo a 100. Que ya me había dicho muy claro que podía llamarle para ver qué tal estaba o si tenía problemas con el ordenador, pero que como persona no quería saber nada de mí y que por favor le dejara en paz.
Desde entonces, no he vuelto a saber nada de ellos: he borrado sus teléfonos y sus direcciones de email. Pero no puedo olvidarles porque son mis hermanos y no puedo entender por qué me tratan así.
¿Sería posible que los recuperara? ¿Cómo podría hacerlo? ¿O es mejor que les deje vivir su vida y que yo siga la mía con la pena de saber que no me aceptan ni quieren saber nada de mí?
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| Contenido de las respuestas: | | "Cuando he empezado a leer tu historia.." Enviado por vickyestrella el 31 diciembre a 15:34
..me he enganchado y la he leido completita, como vaga que soy yo leyendo cosas en internet. Es muy dificil animar a alguien que no conoces, y la verdad es que no se ni como hacerlo pero tienes que luchar y ser fuerte. Tus hermnanos seguro que te quieren muchisimo pero tambien tienen su vida y sus problemas. La vida es dar y recibir, piensa en que puedes dar tu, cariño? amor? lo que sea, pero intenta dar que eso te hara setir mejor contigo misma. Solo queria darte algun animo, piensa que tenemos que valorar nuestra propia vida nosotros, date importancia y nunca querrar terminar con ella. Besos y suerte amiga.
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| | "Madre mía, menuda historia" Enviado por iloveclara el 26 octubre a 16:02
siento por lo que has tenido que pasar pero creo que tus hermanos te quieren mucho y lo único que hacen es intentar no hacerte demasiado caso para que puedas salir a flote y no te quedes entre algodones .... como si a un niño pequeño cuando se cae no le dices nada, no porq no te importe si se ha hecho daño si no para que él mismo se sacuda el pantalón y piense que no es nada........
ánimo que la vida es maravillosa si la miras de cara y tienes una familia numerosa que muchos quisieran para sí levántate mañana como si fuera el primer día de tu vida y acércate a tu familia, sin dramatismos ni nada con alegría! y quedar para tomar un café y una buena velada y olvida todo lo anterior porque lo pasado, pasado está
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