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| Mensaje buscado: | "Un verso de amado nervo" Enviado por lulesina el 6 mayo a 18:58
Dice la dama que fue, que ya no es, que un barrunte de nieve en su pelo ve... -Decid a la dama que su tarde a mi tarde junte. ama
Decidla que hay un edén en los besos otoñales sobre la nuca o la sien. Decidla que huelen bien en septiembre los rosales.
Que si el ardor que empleé en requerirla de amor excesivo acaso fue, yo le aterciopelaré en adelante ese ardor.
Que haré blancura mi afán, y, por obviarla sonrojos, nuestras manos se unirán sin fiebre, y se encontrarán pensativos nuestros ojos.
Que nos embelesará un afecto grave y hondo. Que mi frente ansiosa está de posarse un poco ya sobre su seno redondo.
Que aún germina el verdor en nuestra alma, de un retoño tardío, quizá el mejor. Que hay todavía fulgor en las tardes de mi otoño.
Que mi soledad reclama la suya. Que somos dos hielos que han menester llama... Decid todo esto a la dama ¡oh dueña!, y que os guarde Dios.
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He aquí la totalidad de la charla donde figura el mensaje:
| Mensaje que originó la charla: | "Poesia centenaria" Enviado por ireland27 el 21 marzo a 16:53
Hola, una conocida de mi padre va a celebrar sus 100 años de vida y el le quiere hacer un regalo con una poesía que tenga relación con la temática. ¿Sabeis como puede encontrar alguna poesía o narración que tenga referencia con la vejez o incluso con los 100 años? Gracias.
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| Contenido de las respuestas: | | "Un verso de amado nervo" Enviado por lulesina el 6 mayo a 18:58
Dice la dama que fue, que ya no es, que un barrunte de nieve en su pelo ve... -Decid a la dama que su tarde a mi tarde junte. ama
Decidla que hay un edén en los besos otoñales sobre la nuca o la sien. Decidla que huelen bien en septiembre los rosales.
Que si el ardor que empleé en requerirla de amor excesivo acaso fue, yo le aterciopelaré en adelante ese ardor.
Que haré blancura mi afán, y, por obviarla sonrojos, nuestras manos se unirán sin fiebre, y se encontrarán pensativos nuestros ojos.
Que nos embelesará un afecto grave y hondo. Que mi frente ansiosa está de posarse un poco ya sobre su seno redondo.
Que aún germina el verdor en nuestra alma, de un retoño tardío, quizá el mejor. Que hay todavía fulgor en las tardes de mi otoño.
Que mi soledad reclama la suya. Que somos dos hielos que han menester llama... Decid todo esto a la dama ¡oh dueña!, y que os guarde Dios.
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