Psicologia canceriana
Psicología Canceriana Ahora, vayamos a la psicología canceriana. En este signo aparecen dos palabras importantes: pertenencia y simbiosis.
"No encontrando ya alimento para mi corazón sobre la tierra, me acostumbré poco a poco a nutrirlo con su propia sustancia y a buscar su pasto en mi interior." (Rousseau, Les rêveries du promeneur solitaire)
Cáncer adquiere su equilibrio por simbiosis con un medio que él supone construido a su medida y que fabrica a la medida arbitraria de sus deseos. Teje pacientemente su tela alrededor de sí mismo, por yuxtaposición de capas sucesivas y por concreción de los aportes exteriores, en un espacio personal y protegido. El mantenimiento de su equilibrio vital implica una existencia esencialmente vegetativa, desarrollándose al margen de toda competición, al abrigo, en un mundo donde la fantasía toma a menudo preponderancia sobre lo "real", en un universo a medida, susceptible de vivificarlo y de darle confianza (pasividad, dependencia, cotidianeidad, memoria, afectividad...) Las incitaciones se prolongan en él. Se detiene en revivir el pasado hasta nutrirse de su propia materia y a emocionarse de sus propias emociones. La impregnación progresiva de realidades dispares modela sus vínculos afectivos puntuales, imprecisos, variables. Encuentra su equilibrio en esta aparente fragilidad. Un poco de todo y como venga. (Patrice Guinard)
Cáncer se pierde y se afirma en los vínculos de pertenencia. Él es tanto el habitante como quien cuida un hábitat. Genera, cuida, construye y mantiene la pertenencia dentro de un ámbito bien delimitado. Su psicología nunca es individualista, siempre está desperdigada en sus afectivizaciones. Al interior de la forma que construye Cáncer se genera una vincularidad de iguales, lo diferente se excluye, se omite, se pierde y se expulsa. De este modo prepondera en la psicología de este signo no tanto la proyección como la transferencia. Un mundo cerrado sobre sí de diferentes personajes que constantemente están interactuando consigo mismos y a través de los demás, hasta minimizar las diferencias, aunque manteniendo cada uno su integridad. Muchas veces el mundo mental del canceriano no es más que la intensa y siempre cambiante relación entre fragmentos, aunque a diferencia de Géminis en Cáncer siempre son los mismos. En Cáncer se renuevan eternamente las relaciones de los factores, aunque no los factores mismos. Lo que energéticamente llamamos factores deviene, psicológicamente, en personajes internos que no hacen más que afirmar la profunda comunión que existe entre ellos y en ellos como totalidad, masa, grupo, familia.
Los personajes internos se hacen tan reales, que el vínculo se establece con ellos a un punto que vemos en el canceriano un compromiso real muy pobre con el entorno. El compromiso con el otro pasa a ser un compromiso con la imagen interior de aquel. La comunicación con el otro, que en este sentido es sentimental, y por ello es instantánea (recordemos que cada signo va incorporando y dando por sentado al signo anterior) lo que lo hace configurar muchas veces las respuestas posibles del otro por obvias y respondidas para sí mismo. De ésta manera, el mundo interno, el microclima interior, se va cerrando con sus personajes, los cuales no son más que imágenes internas del otro real, dándose un clima cada vez más familiar. En este punto el mundo externo para Cáncer pasa a ser todo lo que no está matizado por su imaginación, o trasladado a ella. La persona que se vincula con Cáncer en un punto siempre siente que no es conocida por el canceriano. Cáncer se vincula con aquello que le es familiar, y con lo que no lo es sólo le basta proyectar ciertos elementos para convertir al otro en familiar. Cuando la reclusión, y la sobreestimación inconsciente del mundo interno impera, en ese punto el verdadero vínculo muere y las personas de su alrededor se convierten en fantasmas vivientes portadores de algo íntimo sólo para el Yo Canceriano.
Como dice Guinard, las realidades dispares se ven impregnadas por la sutil cualidad que las une poniendo de manifiesto la común-unión, mientras se minimizan en extremo las diferencias.
Cómo siempre, en un lugar de la espiral estará aquella persona que vive en un mundo imaginario, lleno de personajes, que le brindan el alimento emocional, el cuidado, la protección, y muestran la fuerza de la comunidad ante lo singular. En otro lugar estará la persona que encuentra una correspondencia interna con el resto de la humanidad, la persona que se identifica con lo común en todos y dedica su vida a servir a aquel misterio que nos une a todos, o que nos engloba bajo el concepto desconocido de lo humano.
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