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Imaginando como es que mi mujer se cogi al hijo de nuestra vecina de al lado

 

Yo siempre había confiado en la fidelidad de mi esposa, ella, sin mucho esfuerzo, me vendió la permanente idea, durante los diez años que tuvimos de casados, no sólo su legítima honradez, sino también su total honestidad, y sobre todo, la inquebrantable y permanente fidelidad que guardaba su compromiso de esposa conmigo.
Cuando la celaba por algún motivo X, ella se mostraba indignadísima por haberme atrevido a insinuarle algo al respecto, me decìa que ella era una señora respetable y que nunca se prestaría, ni de lejos, a aquellas semejantes situaciones que mi mente enferma me hacìa imaginar.. la calma, que gracias a su seguridad me volvía rápidamente tras mi tormenta de celos, hacia que volviera nuevamente a confiar ciegamente en su honestidad como mujer y esposa
Por motivos de viajes de trabajo, ella se acostumbró a parar largas temporadas sola, teníamos tres hijos que paraban obligatoriamente todas las mañanas en el colegio, por lo tanto, ella se encontraba completamente sola de Lunes a Viernes desde las ocho de la mañana hasta las dos de la tarde. Cuando pasaba temporadas sin viajar, motivo que me obligaba a trabajar en la ciudad, distante a 40 kilómetros de mi hogar, la cosa era igual, sólo que me tenía que ausentar diariamente desde las siete de la mañana, hora en que salía a trabajar, hasta las ocho o nueve de la noche en que retornaba cansado, pensando siempre en mi dulce y confortable hogar, sobre todo, pensando que retornaba al lado de mi bella, dulce y sexy esposa, al lado de esa tentadora y ardiente mujer de hermosos ojos y carnosos labios, una esposa dueña de dos hermosos y excitantes senos, una mujer que además de su femenina y natural belleza que irradiaba desde su angelical rostro y sinuoso cuerpo, era además para mi propia excitación, frenética y muy lujuriosa a la hora de hacer el amor, mi esposa se volvía tremendamente erótica y apasionada con las poses que experimentaba haciendo el amor, donde el sexo oral que hacia o que recibía ya sea de una manera individual, por turno, o de a dos en unos morbosos sesentinueves que disfrutábamos ambos a morir.
En cierta ocasión cometí el error de hacerla participar de una fantasía que me surgió, no se como, espontáneamente, donde la imaginaba, cada vez que me la tiraba, que era otro el que se la estaba comiendo en vez de mi, me excitaba ver como el pene de otro (que era en realidad el mío) entraba y salía erecto, duro y poderoso de su lubricadísima y excitante vagina, cuando por ejemplo, mi mujer me chupaba la verga, imaginaba que se la estaba chupando a otro hombre y a mis espaldas, es decir, imaginaba que mi esposa estaba haciendo en esos momentos, todo aquello que mas temía en la vida sucediese, acostarse con otro hombre y hacerme, sin que yo lo sospeche, un vulgar como simple e ignorante carnudo.
Cada vez que me la estaba tirando, no era sólo yo quien imaginaba que ella me estaba siendo infiel, sino que también la alentaba a ella a imaginar que se estaba acostando en secreto con otro hombre, con cualquier otro hombre en vez de mi, donde a veces, en medio de nuestra morbosa excitación, le decía que pensara en algún conocido que a ella le atrajese sexualmente, que imaginara que ese alguien era quien se la estaba tirando rico y a mis espaldas, era así que el realismo de nuestras fantasías se iban acrecentando cada vez mas y mas, haciendo que en medio de nuestro furor sexual, representara con imaginado realismo a sus amantes, aumentaba su excitación cuando le decía en voz alta y en un morboso y excitado tono: "Tu marido, que se encuentra trabajando en estos momentos, no sabe ni de lejos, lo rico que me estoy tirando en este instante, a su amada y respetada mujercita, ni siquiera sospecha él, que apenas hace un minuto me has estado chupado hasta el cansancio todita mi verga dura y erecta al palo, no sabe que la deliciosa vaginita rica y apretadita que tienes, y que cree él, que es sólo de su exclusiva propiedad, que cree que sólo él y nadie más la puede gozar rico, gracias a su creencia de mujer fiel que te tiene de ti de manera indubitable, mujer que siendo sólo de él y para él, le daba la certeza de ser el único hombre sobre la tierra que podía penetrar y gozar de toda la intimidad sexual de su deliciosa y excitante mujercita. .. el carnudo de tu esposo no sabe lo rico que te la estoy metiendo en la chucha en este mismísimo instante, no sabe que mientras él se rompe el lomo para mantener tus gustos y tus caprichos, me está dejando a mi la tarea de cacharte rico todos los días, hasta hacer que te vengas diariamente en los lujuriosos orgasmos que yo te hago sentir y que el carnudo de tu esposo no ha sabido nunca como arrancarte".
Mi mujer animada por mis excitantes y morbosas palabras que le digo mientras me la estoy follando, extremadamente excitada me responde, no a mi, sino a su imaginario amante, cosas como estas: Si papito, fllame rico, hazme tuya, métemela toda hasta el fondo, ufff que rica verga que tienes, tú siempre me cachas mas rico que mi marido, por eso te pido que vengas a metérmela cuando tu quieras, cuando te provoque y tengas ganas de cacharme, de hacerme tuya a espaldas del carnudo de mi marido, no te preocupes por él que está de viaje hasta fin de mes, tampoco te preocupes por mis hijos que estarán todos los días en el colegio hasta las dos de la tarde, ¿ya vez papacito que puedes cacharme rico y sin preocupaciones, que me puedes hacer tuya, si quieres todas las mañanas puedes venir a metérmela, uffff que deliciosa pinga tienes mi amor, ufff así, así, sigue así, ufff que ricoooooooo" y es que así, extremadamente excitada, siento que se viene en un intenso y salvaje orgasmo, producto de la imaginada infidelidad vivida con alguien que seguramente ambos conocemos, pero que yo ignoro por su decisión de mantener en reserva su nombre y dejar que sólo goce con la presencia imaginada de un hombre real, que existe en nuestro entorno y que ella desea la folle con salvaje lujuria y con adúltera morbosidad, la mayoría de veces nunca supe de quien se trataba, algunas veces si, y era excitantemente morboso sentir que era él, uno que yo conocía, el que estaba cachàndose rico y a su antojo a mi querida y amada esposa, a la madre de mis hijos, a la mujer que era mi esposa y por tanto respetada y querida, sin excepciones, tanto por mis padres como por mis hermanos.
Una vez que terminábamos nuestras sesiones de amor (siempre fue así) ignoramos por completo todas nuestras fantasías, eran como si nunca hubiesen aflorado en nuestras mentes, se conservaban así hasta nuestro próximo encuentro sexual.
Alguna vez le propuse, en medio de un frenesí sexual, que nos aventuráramos a hacer el amor con otras personas, ella siempre se mostró dispuesta a aceptarlo, sin embargo, cuando terminábamos de hacer el amor, ella de inmediato tocaba nuevamente el tema y que yo rechazaba de plano, mostrando celos y pudor de pensar que alguna vez pudiese hacerse realidad, entonces ella me replicaba casi al instante, de que yo era puro bla bla y de que no era capaz de tal atrevimiento, entonces yo le respondía, inseguro y de inmediato, que eso era sólo una fantasía y que me moriría de angustia y de celos que ella pudiese acostase con algún otro hombre.
Sin embargo, esa idea me empezó a excitar con intensa morbosidad, sentía que me ponía a mil imaginar que ella era follada por otro hombre, a pesar de ello, siempre animado por esa morbosa excitación sexual de imaginar a mi esposa penetrada por otra pinga distinta a la mía, es que siempre terminaba poniendo sobre el tapete ésta erótica fantasía para que la disfrutásemos los dos cada vez que hacíamos el amor.
Cuando ella no se encontraba en casa y yo sí, completamente sólo y totalmente dueño de la situación de poder hurgar a mi antojo entre sus cosas, revisando, por ejemplo, al detalle todo su closet, todos sus cajones privados, también su mesa de noche y los bolsillos de todas sus prendas de vestir, además de sus carteras, su billetera, etc. Etc. lo hacía tan minuciosamente que sentía en cada paso que daba, que me iba excitando más y más con la sola idea morbosa de poder encontrar alguna de esa veces, la prueba que me diese por fin la certeza de que ella se estaba acostando ya con otro hombre, de que me estaba siendo infiel con alguien, secretamente a mis espaldas, pero, cuando no pedía encontrar nada que la delatase, me sentía frustrado y decepcionado de no haber podido comprobar aquello que tanto deseaba sentir y saber, que otro hombre se la estaba tirando rico, tal y como lo había imaginado en todas esas excitantes fantasías que viví.
Cada vez que hurgaba el cesto de la ropa sucia, buscando con morbosa desesperación en las prendas intimas que recientemente había utilizado, algún rastro de semen, o de bello pùbico, u el olor de hombre que podría haber dejado impregnado en sus delicados calzones o brasieres su ocasional amante. Era así, que cada vez que me avocaba a tan morbosas tareas, no podía dejar de sentirme súper excitado, con mi pene erecto y a punto de explotar.
Un día, sin querer, encontré dentro de su cartera, una sensual nota que le había escrito un vecinito adolescente, que dadas la diferencia de edad entre mi esposa y el vecino, ella de 44 y él apenas de 20, no pude otra cosa que creer, que entre ellos existía una relación secreta, ya que ningún muchacho de 20 años, si es que no existiese algo más que una respetuosa relación con una mujer casada y con hijos y con 44 años de edad, se atrevería a escribirle una excitante nota, no sólo a una mujer adulta, sino que además a la esposa del vecino, a la madre de los amigos que tuvo desde que era un niño, para mayores reflexiones, diré que mi esposa que era muy amiga de su madre, lo vio crecer desde que era un niñito hasta convertirse en un simpático adolescente, para luego seguir viendo después, como el hormonal y bello adolescente se fue convirtiendo, sin saber como ni cuando, en un atractivo, audaz y erótico jovencito, y que claro, en su fuero íntimo sentía que le gustaba y que le atraía mucho a mi mujer.
Algunas veces pillé a mi mujer, que con cierta y divertida inocencia se jugaba con él, no me gustaba ver o descubrir esos juegos entre ellos, pero pensando de inmediato que se trataba de una tontería surgida en mi imaginación, lo pasaba sin ningún reproche por alto, ya que nunca podría sospechar que mi fiel y respetable mujer y esposa, la adorada madre de mis tres hijos, la honesta nuera de mis padres y la ejemplar y respetada cuñada de mis hermanos, pudiese relacionarse íntimamente con el joven hijo, de no sólo su vecina, sino que además amiga de años y madre a la vez de dos hijos que conoció desde muy niños.
No obstante fui un tonto al no tomar las precauciones del caso, ya que mi esposa al encontrarse totalmente sola todas las mañanas durante seis horas continuas, para remate, su joven vecinito, habiendo terminado la secundaria, sin tener ninguna obligación de estudiar, puesto que decidió, al menos en ese año, no seguir estudios superiores, a pesar de su joven y productiva edad, no preocup en buscar para sí algún trabajo que hiciese más útil su despreocupada y excitada vida, se encontraba entonces también, para mi mala suerte, completamente sólo y todas las mañanas sin nada que hacer en su casa.
La historia tendría que haber continuado de alguna manera y en algún momento, creo que de un modo inevitable fueron conducidos, gracias a las circunstancias que de manera especialmente tentadora se dieron en el entorno de ambos, hacia el camino de la consumación de sus tentaciones; Mi sensual esposa, madura y experimentada, fue quien seguramente debe haber dado el primer paso en esa mutua seducción y que luego la continuaron ambos, hasta legar a vivir esa adúltera aventura amorosa que experimentaron secretamente un prolongado tiempo los dos, el erótico e inicial avance que dio mi esposa, mas que seguro desarrollado poco a poco, lo debe haber dado a través de algunas sutiles e indirectas miradas que mostrasen atracción por su joven y deseado vecinito, luego, mas que seguro, debió de haber intensificado el doble sentido de las bromas y los juegos que iba haciendo con él, también, es seguro que en algún momento debe de haber empezado a piropearlo y a coquetearle de una manera mas atrevida y sugestiva, seguro que él, gracias a las insinuaciones, cada vez más seductoras, que iba recibiendo ya sin mucho disimulo de parte de mi mujer, fue seguro que la desbordante excitación que le produjo las insinuaciones de mi esposa, lo que habría impulsado que jovencito perdiera su inhibición y comenzase a darle respuestas cargadas con deseo y de sutiles expresiones de manifiesto erotismo.
Bajo tan especiales circunstancias, ella debe de haber incrementado los morbosos deseos que tenía de comerse a ese virginal e inexperto muchachito, que ya no lo veía como niño, sino que comenzó de pronto a verlo muy varonil y atractivo, a verlo como un rico y deseable hombrecito repleto de hormonas, que no supo como ni cuando, le comenzó a producir, además de una fuerte excitación, descontrolados deseos sexuales que estaban prohibidos y que por lo mismo, le hacían sentir en su vagina una extremada e incontenible invasión de la erótica humedad que siempre se anticipa, cada vez que se alista a recibir con deseo dentro de si, la fuerza del hombre que impone la dureza de su erecta y palpitante verga en el momento de la penetración.
Sólo de Imaginar que su lindo y tierno vecinito podría hundirle hasta el fondo su excitadísimo y enorme pene, de imaginar también que está chupándole la pinga rico y sabroso, imaginar viendo al vecinito volverse loco de excitación y de placer tratando de chuparle las tetas a mi esposa, o sintiendo como su enorme pichula, va abriendo suavemente camino a través de los pliegues de la chucha adornada con sus bien cuidados y recortados bellos pùbicos que empezaban poco a poco a rodear el tronco medio de su excitadísima y enorme pichula que iba sintiendo a medida que iba penetrando la caliente humedad de su sagrado interior sexual ...
fueron esas fantasías imaginadas por mi mujer con su vecinito, los que desencadenaron una mañana la consumación de su aventura sexual, valió cualquier razón para que de pronto se encontrasen solos dentro de mi casa, mi mujer, impulsada por sus deseos y por aquellos previos jugueteos que acostumbraban hacerse para entrar en confianza, sintiendo además mi mujer, que el jovencito se estaba dejando llevar con docilidad y cierta avergonzada excitación a donde ella quisiese llevarlo, a lo que él, lejos de oponer resistencia a aquello que inevitablemente pensaba estaría por suceder, el vecinito tratando con cierta timidez de mantenerse tan cerca como pudiese de mi excitada esposa, deseando disimuladamente que ella pudiese advertir, como quien no quiere, el tremendo bulto que asomaba desde adentro, empujando hacia afuera por la cremallera del deportivo Jean, su enorme, erecta y excitada pichula que clamaba por salir.

Es casi seguro, conociendo lo arrecha que es mi esposa, que aquella mañana con esa potente dosis de excitada soledad que sentía le era brindaba en complicidad por los altos muros que rodeaban la casa y las escondidas habitaciones que tenía, propicias para gozarse secretamente y con prohibida tranquilidad esos pecados que pensaba por fin iba a cometer.
Para tal efecto, mi esposa habría empezado por preguntarle, tras haber jugueteado coquetamente con él y de haberlo seducido con insinuantes y provocativas poses que lograron casi en el acto, despertar sin control el libido del jovencito, peor aun, sintiendo que la conversación de mi esposa venía acompañado de frases recargadas con eróticos significados y con abundante doble sentido que le permitía al vecino pensar como quisiese sobre las intenciones que le iba mostrando mi esposa y que podían ser aprovechadas por él, si es que mi esposa se de pronto se retraía y él no, pudiendo a través de su significado, tirársela por fin rico aquella mismísima mañana.

Sin embargo, lejos de retraerse mi esposa, se puso por el contrario mas avezada y lujuriosa, preguntándole directamente y con sexuales intenciones, si es que él se había acostado ya alguna con alguna chica, el vecino con la pinga al palo, de seguro le habría dicho que todavía no, a lo que ella le habría replicado coquetamente que era un mentiroso, ya que con lo guapo y atractivo que era, de seguro traía locas a todas las mujeres del barrio y seguramente algunas o muchas de ellas, ya se lo habrían tirado desde hacía mucho tiempo atrás. El insistiría con su negativa en un estado de tremenda y morbosa excitación, le habría repetido que no se ha acostado todavía con nadie, pero que le gustaría muchísimo poder tener pronto esa experiencia con alguien..
Mi esposa, con excitación corporal y mental al tope de sus límites y al borde de sentir en cualquier momento un endiablado orgasmo, le habría dicho que si a él le gastaría experimentar su primera vez con ella, y él, también a punto de chorrearse, le habría contestado que si, que le encantaría hacerlo con ella su primera vez, y sin darse cuenta como, estaban dándose un morboso y excitado beso que anunciaba la inevitable llegada de una prohibida y excitante relación adúltera entre los dos.
Mi mujer se debe haber pacha manqueado con todo el cuerpo del jovencito que se la estaba tirando, le debe de haber chupado con maestría esa inexperta pero enorme, durísima y erecta verga que tenía el vecinito de al lado, le debe de haber enseñado como tiene que hacer para cachàrsela rico, le debe haber brindado a aquel muchachito el goce de sus brutales orgasmos, es decir, este chico debe de haber quedado subyugado con el sexo de mi mujer..
Es fácil pensar que el vecinito se la debe de haber tirado a diario, ya que al chico le bastaba salvar, levantando la pierna, el pequeño murito divisorio que separaba nuestras casas, para encontrarse de pronto, con una extremada facilidad y discreción dentro de la mía cualquier mañana que decidiesen tener a escondidas una relación sexual.

Lo más probable es que, no teniendo que hacer nada ninguno de los dos, lejos de ser descubiertos aquellos secretos y fáciles encuentros que se producían con garantizada y oculta discreción, es más que probable que se han tirado riquísimo casi a diario durante toda una larga y apasionada temporada sexual.

El vecinito se la debe de haber cachado a mi riquísima, sensual y arrecha esposa, cuantas veces, como sea y cuando le diese su regalada y morbosa gana; mi respetable y dulce mujercita, que era mas arrecha que una ... y que le encantaba disfrutar de los placeres carnales, ha probado en su boca, en sus tetas y en chucha el incansable poder de la enorme y gruesa pinga de su rico y joven vecinito, pinga que la ha llevado por los recónditos placeres de orgasmos bien concebidos con su excitada e insaciable juventud.
Después de descubrir la nota que el chico le había escrito a mi esposa, me vino una espontánea y brutal erección, mis pensamientos morbosos aflorara ron según lo narrado, me repetía con aguda excitación a mi mismo: Pensar que ya se que mi mujer se ha acostado con otro hombre, que ella ha probado ya otra verga que no es la mía los imaginaba, en medio de la soledad de nuestra casa, cachando a diario en todas las poses que existían en el sexo, y cuando llegaban mis hijos a las dos de la tarde, cuando llegaba yo a las nueve de la noche, ella asumía nuevamente su papel de santa y leal esposa para conmigo y ejemplar y dedicada madre para mis hijos, sin sospechar ni ellos ni yo, que su santa madre se estaba tirando todos los días al amigo y vecino que tenían mis hijos, y que mi fiel y adorada esposa, ignorándolo carnudamente, le habría las piernas todas las mañanas al joven vecino que vimos desde niño crecer y que ahora se le mete sin piedad y sin respeto toda esa tremenda e incansable verga. que se maneja para el disfrute de mi mujer, y que ha hecho que ella piense lo aburrido que es tener ahora sexo conmigo en comparación con lo excitante que es hacerlo con ese jovencito, la falta de pasión que le produce mi veterana y arrugada piel, flácida, si ningún músculo que muestre algo de virilidad, sólo la presencia de una deformada panza y uno anti estéticos rollos que matan cualquier asomo, si la hay, de alguna breve e incipiente excitación sexual, donde por el contrario, el vecino le ofrece fibra y músculos por doquier, sin panza ni rollos que maten la inmensa excitación que siente de acostarse y revolcarse con él. Por último, hasta mi discreta pinga se encuentra totalmente devaluada, gracias a su inconsistente erección y la ausencia de la dureza que fascina sentir a las mujeres a la hora de hacer el amor y lo que es peor, mi edad no me permite rendirle tres o cuatro polvos a la arrecha sexualidad que exige mi mujer, en cambio el vecinito con su erótica e incansable juventud y potencia le da y le da rico hasta dejarla satisfecha de abundantes orgasmos, interminable sexo y una joven y ardiente como inagotable pasión. Para terminar, el discreto tamaño de mi pinga no le produce ya ni un mínimo placer, mis doce centímetros de erecta pero flácida pinga que poseo es una ridiculez comparada a los 18 centímetros que tiene el durísimo y erecto pichuln al palo que tiene, además muy gorda, el aventajado del vecino que se ha cachado rico y morbosamente a mi dulce y amada esposa, ha hecho, sin querer, por que su objetivo era gozarla únicamente por puro placer y morbo, sin la menor intención de hacer lo que sucedió, que mi mujer botase toda mi sexualidad y sus deseos por mi a la


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