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Platica caliente

 

Había sido su pretendiente. Nunca supe qué pasó, que pude haber hecho mal. Creo que sí sé: nunca le había dado el énfasis ni la atención necesaria para que lo nuestro pudiera darse; ahora era muy tarde. Siempre me ha parecido irresistible una mujer con actitud y ella la tenía.

La última vez que nos vimos fue en un café de artistas, el café era bueno y la conversa aún mejor. Hablábamos desinhibidamente, de sexo, política y hasta religión. Me encantaba hacerla reír con mis chistes, bromas y comentarios de doble sentido, nuestra sintonía sexual no era normal. El sexo nos llevaba gran parte de nuestro tiempo conversando, sobre lo que nos gustaba hacer y que nos hicieran, nuestras zonas erógenas y nuestras experiencias. Daría lo que fuera por haber estado en tantos de esos momentos con ella.

Pero no todo podía ir bien: hacía tiempo nos habíamos distanciado, y en gran medida porque un día no pude ocultarle más lo que sentía por ella. Los compromisos profesionales eran la excusa pública, la verdad no quería verme, ya le había sido bastante útil como amigo, pero no concebía que fuésemos algo más. No la culpo, yo tampoco lo creí así durante mucho tiempo. Pero el destino estaba por jugarnos una de sus jugarretas.

El tiempo había pasado, las heridas estaban cicatrizadas y ya tenía historias de desastres hechos con otras mujeres y estaba complacido con el ritmo de vida que llevaba: desenfrenada y nada aburrida. Fui a un café en un centro comercial y fue cuando la encontré nuevamente, no me había percatado de su presencia y fue ella quien llamó mi atención y me abordó. Estaba estupefacto.

- ¡Hola!, cuánto tiempo sin verte. ¿Qué ha sido de tu vida?-¡Hey, hola! Mmmm, bien. Aquí tomándome un café. ¿Qué ha sido de ti? Cuéntame.

Solo bastó esa pequeña introducción para que el tiempo pusiera a prueba la cerradura de nuestras heridas, sin darnos cuenta volvíamos a ser los mismos de antes y nos sentábamos lado a lado para conversar amenamente bajo la excusa de tomarnos un café.

Lo interesante es que nos mostrábamos desinhibidos, siempre tuvimos esa confianza para tratar aún los temas más sórdidos. Yo le hablaba sobre mi desastrosa vida amorosa compensada por una vida sexual relativamente satisfactoria.

Ella hacía lo mismo aunque con menor número de protagonistas (2 a lo sumo) y con menos "picante" en sus relatos. Ambos reíamos, disfrutábamos compitiendo al ir subiendo más y más la apuesta en contra del decoro. Sin proponérnoslo habíamos pasado juntos algunas horas y muchos cafés, el tiempo transcurrió y el local estaba por cerrar, se había hecho tarde y debíamos irnos.

Pagué la cuenta como todo un caballero y salimos juntos tomados del brazo en dirección al estacionamiento. El centro comercial estaba prácticamente vacío, la mayoría de los negocios ya habían cerrado y sus empleados idos. El silencio reinaba y sentíamos que todo ese espacio era para nosotros. Nos detuvimos frente al ascensor y mientras lo esperábamos no pude mantenerme callando.

- En serio, me ha gustado encontrarte hoy. No sabes cuanto te he echado de menos.

- A mi también me ha gustado.

Nos mirábamos a los ojos y subimos al ascensor, ella aún en nuestro juego de atrevimiento y osadía inquirió sonriendo

- Ahora supongo que esta noche cuando llegues a casa, me verás como la más fiel de tus novias, ¿verdad?

- A no ser que me brindes otra alternativa. Además, conociéndote eres capaz de hacer lo mismo ¿o me equivoco? -

- Mmmm... No, no te equivocas.

Esa fue la gota que derramó el vaso. Estaba inflamado de deseo no sólo desde hace unas horas, esto ya era cuestión de demasiado tiempo. Bajamos del ascensor y llegamos al nivel del aparcamiento donde estaba mi coche. Sin contenerme la cogí por la cintura, y la fui llevando poco a poco hacia un rincón apartado del estacionamiento.

Los vigilantes brillaban por su ausencia, en otro momento me hubiese indignado, pero ahora resultaba una bendición. Las sombras nos cubrían, nuestras voces escapaban misteriosamente al eco que suele haber en esos sitios, aún más si están vacíos, pero teníamos la suficiente luz como para ver claramente nuestros rostros y miradas. Ella protestó sin gritar y con gesto de sorpresa.

- ¿Pero que haces? Por favor, cálmate

- Sabes que no lo haré. Descuida, no te tomaré por la fuerza. Sólo quiero una cosa

- ¿Y que cosa es?

- Quiero que me muestres lo que harás pensando en mí

- ¿Estás loco? Aunque accediera no lo haría aquí

- Entonces tendré que guiarte.

Llevé mi mano hasta su vientre, lo deslicé varias veces desde debajo del ombligo hasta entre sus senos varias veces. Ella se resistía al principio, pero esa resistencia iba cediendo poco a poco.

Cuando vi el momento preciso, desabroché su pantalón con una mano, mientras que con mi cuerpo la presionaba contra la pared, procurando dejar mi rostro al lado del suyo, como si estuviese encima de ella en pleno coito.

La respiración de ambos se entrecortaba, nos estábamos excitando por igual. Lentamente mi mano, un tanto caliente y sudorosa por cierto, buscaba el borde de su ropa interior; al palpar el encaje busqué el punto donde hacía contacto con su piel, infiltrándola dentro de su intimidad y llegando al lugar que deseaba.

Tocaba su raja por toda su extensión, desplazándome como lo había hecho en su vientre, pero a una distancia más corta y precisa. Sentía su calor y humedad e iba identificando cada una de las partes de su anatomía: había conseguido el clítoris, sus labios y logré encontrar ese sendero soñado por mí en tantas ocasiones.

Puse manos a la obra y tocaba su clítoris con el abultamiento de mi palma, el largo de mis dedos se disponía sobre su vulva mientras que la punta de mi dedo tendría una tarea más especifica: entrar... y haciéndome sentir sus temblores ante mi mano.

Por un instante recobró el sentido de la realidad y se disponía a protestar más enérgicamente que antes. No había terminado de incorporarse cuando me decidí por más, había llegado demasiado lejos como para no seguir adelante. La volví a llevar contra la pared que la sostuvo en su orgasmo, y acercando mi mirada contra la suya le dije:

- Ahora es tu turno.

Me excitaba verla con los ojos cerrados, inundada por el placer que le profería, no quería que me tocara, prefería verla tocarse a sí misma, en ese momento era mi obsesión. Me coloqué en la misma posición que antes sobre ella, y después de horrorizarse un poco al verme degustando su sabor más íntimo; tomé su mano y se la introduje en la ropa.

- Muéstrame qué haces pensando en mi.

Lentamente llevé su mano por donde antes estuvo la mía. Parpadeaba accidentadamente, reportándome que había llegado a ese lugar que la hacía sentir. Separé un poco mi cuerpo del suyo y logré ver como su mano trabajaba. Para más comodidad de ambos bajé un poco su ropa interior, dejando que su mano y mi visión fuesen más fluidas.

Ahora tenía mis manos libres, que habían estado casi inertes sujetándose de sus caderas. Primero las deslicé por su cintura, imaginando tomarlas de la misma forma como si la penetrara sin la más mínima compasión. Algo que sin duda ella disfrutaría. Al llegar a su tórax, las desplacé hacia delante palpando sus pechos.

Me acerqué otra vez a ella, uniendo mi cuerpo al suyo y volví a la tarea de inspirarla a tocarse, a emularme con sus toques. Nuevamente me acerqué, respirando sobre su cuello, gimiendo un poco e incluso le hice notar mi erección al tocar mi entrepierna en uno de los costados de la suya. Le relataba más de lo que haría, pero ahora mis manos me ayudarían a darle más expresividad a mis palabras.

La tomaba de la cintura mientras le narraba como la tomaría desnuda sobre la cama, deslizaba mis manos hacia sus piernas mientras le detallaba como la dejaría abierta a mi merced y estrujaba ligeramente sus pechos contándole lo que les ocurriría estando en mi boca. Adorné esta última descripción mordiéndole la oreja como demostración de lo que le ocurriría a las puntas de sus pezones.

Luego la rodearon por la espalda, la tomé de los hombros como si me sujetara de ella para bombearla en la cama, y haciendo presión sobre su cuerpo con el mío, se vino en un gran orgasmo que parecía una convulsión. Cerró los ojos con fuerza, como si intentase impedir que algo se le saliese del cuerpo. Jadeó por un tiempo más prolongado, apostaría que tuvo varios.

Estaba feliz de haberla hecho sentir y corresponderle lo que ella me había hecho sentir a mi todo este tiempo imaginándola mía. No sé si después de esto me dirigiría la palabra. La verdad es que lo disfruté y el recuerdo de esto fue lo suficientemente vívido como para darme suficientes imágenes y sensaciones que harían de mis períodos de soledad algo más llevadero.

Fin.


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Ahhh...

Menos mal que tengo que escribir porque si tuviera que hablar, te juro, no podría!!!

Excelente...


 

Puf...

puf... para q mas decir.. lo logras.. lo logras (casi)siempre.....

me alegra que hayas colgado tantos en tan poco tiempo.. te añoraba!!!

Besito..


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