El tiempo no corre cuando te deseo.
El calor sofocante inunda la habitación agitando mi respirar. Mis pechos suben y bajan marcándose redondos y enormes bajo el fino top de algodón. Mi pelo acaricia mi piel sobre mi espalda, como dedos imaginarios, encendiendo mi pasión. El escote sugerente me sugiere. Tus manos sobre él, acariciándome. Tu boca posándose sobre la mía. Tus brazos amarrándome fuerte. Tus dedos dibujando en mi espalda el mapa de tu deseo.
Te deseo. El reloj de la pared marca las 6, en una hora podré verte, podré tenerte.
Cierro los ojos y te recuerdo. Recuerdo el tacto de tu piel, el aroma de tu cuerpo, suave perfume que me enloquece. Abro los ojos, las manecillas parecen paradas, el tiempo no transcurre.
El deseo inunda mi mente, y no me respondes al teléfono. No puedo soportarlo. Miro a mí alrededor. Nadie me ve.
Alterada por el miedo a ser descubierta y con la pasión ardiente en mi cuerpo, comienzo a acariciar mis pechos. Levemente al principio, por la zona expuesta a las miradas. Poco a poco el deseo supera al temor y me atrevo a meter mis manos dentro de mi escote. Simulo que mis manos son tus manos, que mis caricias son tus caricias. Se me agita la respiración. Bajo las caricias por la tripa hasta chocar con el pantalón. Vacilo unos segundos. Si alguien entrara sería descubierta.
Me armo de valor, desabrocho el botón, al fin cede. Poco a poco mi mano se introduce buscando mi piel. Retiro el tanga y juego con mi sexo, caricias suaves en el clítoris... El pantalón cohíbe mis movimientos. Lo bajo levemente. ¡Dios mío! Si alguien entrara... no sé que ocurriría...
El deseo puede con todos los miedos, con todos los pudores... mi mano serpentea bajo mi pantalón, buscando mi sexo, acordándome de ti. El deseo a inflamado todo mi sexo, puedo sentir el palpitar de la sangre que inunda la zona, se me agita la respiración. Se me escapa un gemido.
Mi mano derecha se pierde bajo el pantalón, mi mano izquierda rebusca en mis senos el botón mágico que lleve del deseo animal a la explosión sensorial. Me aprieto los senos, pellizcándome los pezones, acelero el ritmo del movimiento enérgico de mi mano derecha sobre mi clítoris. Me introduzco un dedo en el momento mágico y se me nubla la mente. Un gemido se escapa de mi boca. El teléfono suena. Me permito gemir tras la estridente melodía que calla mis suspiros.
Miro el reloj, no se ha movido. El tiempo no corre cuando te deseo.
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