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El culo virgen de raquel.

 

A pesar de que cuando la conocí ya Raquel tenía 34 años, estaba divorciada y tenía dos hijos de 10 y 7 años, nunca había tenido sexo anal, ni con su ex esposo ni con ninguno de sus novios.

A mi siempre me ha gustado penetrar por detrás a mis parejas, pero por mucho que le insistí, nunca quiso. Estaba muy prejuiciada por lo que le había escuchado decir a sus amigas sobre el dolor y la ausencia de placer.

Nuestro sexo era maravilloso. Chupaba el pene como una diosa y recibía las eyaculaciones en la boca. En el misionero movía exquisitamente sus caderas en mágica combinación con sus contracciones vaginales para aumentar mi placer. Pero después, cuando se levantava a lavarse, siempre le miraba el trasero con ansiedad. No lo tenía grande. Sus nalgas eran medianas, redonditas y tersas. Excelentes guardianas de un ano virgen que encendía mi imaginación.

La oportunidad me llegó una noche al regresar de una fiesta. Ese fin de semana sus hijos estaban con el padre y al salir de la fiesta fuimos a mi departamento. Esa noche Raquel llegó muy pasada de copas, hablando enredado y tropezando con todo a su paso. Ya yo me había hecho la idea de que no íbamos a tener sexo debido a su estado. No obstante, la metí en la ducha, aún vestida, para que se sintiera mejor y pudiera dormir, pero al verla toda mojada, con su vestido blanco sin sosten, marcando pechos, pezonez y la tanga blanca, tuve una excitación muy intensa.

Me quité la ropa, me metí en la ducha con ella, le bajé el escote para chupar sus pezones y le levanté la falda para acariciar su clítoris. Cuando comenzó a reaccionar a los estímulos le di la vuelta, la incliné contra la pared y le penetré la vagina, despacio, sin prisa, para disfrutar aquel maravilloso coito.

Ya estaba a punto de eyacular cuando me di cuenta que ante mi tenía la gran oportunidad, quizás la única en mucho tiempo, de desvirgar y disfrutar su culo. Sin pensarlo dos veces, me enjaboné bien el pene y comencé a penetrarla lentamente.

Al principio no se dio cuenta, pero en la medida que mi pene alcanzaba la profundidad de su recto, comenzó a reaccionar y a quejarse. Fue cuando procedí con los movimientos.

Unos segundos después sus quejidos se hicieron más fuertes y trató de escapar, pero yo estaba disfrutando mucho para detenerme, por lo que la sometí a la fuerza y seguí disfrutando aquel culo mientras ella chillaba y se movía tratando de escapar, hasta que explotó mi eyaculación.

Estuvo muchos días disgustada conmigo. Me acusaba de haberla violado, de ser un sádico y un pervertido. Pero el tiempo todo lo cura. A las pocas semanas reanudamos nuestra relación y no me resultó muy difícil convencerla para realizar una prueba de sexo anal normal, sin sometimiento, con mucha lubricación y mucha delicadeza de mi parte.

Me tomó algún tiempo y mucha paciencia, pero finalmente Raquel experimentó por ella misma que no sólo no era terrible, sino que era algo que podía disfrutar.


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Hola

ho
la he leido tu historia y me p
arece interesante me gustaria saber mas hacerca de este tipo de experiencias si se puede mclaro

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