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Cómo pagué mi infidelidad a mi esposa mari.

 

Mi esposa y yo nos conocimos cuando fuimos unos jovencitos, fui su primer novio. Nos casamos tres años después, y tuvimos dos hijos. Hace poco cumplimos 12 años de casados, y como en todos los matrimonios hubo altas y bajas. Durante ese tiempo tuve algunas aventuras, ella se enteró de una y casi termina nuestro matrimonio, yo me sentí muy mal porque siempre dio todo por sus hijos y por mí, siempre me quedó la espinita de mi engaño y estuve pensando la forma de compensarla. Pero cada vez que tocaba el tema de una fantasía de intercambio o bromear que se acostara con alguien, se ponía furiosa y decía que nunca lo podría hacer con nadie más, algunas veces platicamos con matrimonios amigos sobre temas de sexo, y Mari se ponía colorada, siempre cambiaba el tema.
Un día tuvimos una cena en nuestra casa con tres parejas de amigos y mi compañero Ernesto que era el clásico solterón, un amigo común de todos los matrimonios que estaban presentes, y amigo mío desde la infancia, según las señoras muy guapo, pero siempre fue un solitario, solo me buscaba a mí y toda la vida nos llevamos como hermanos, el frecuentemente me comentaba de mi suerte, por haberme casado con una mujer tan dedicada a su hogar y su familia, y con el debido respeto que me merece, estaba muy guapa.
La reunión comenzó muy amena, con vino blanco para las damas, y los caballeros como siempre con Ron y Brandy, ellas hablando sobre niños y escuela, los cuates sobre fútbol y en ocasiones algo de política. Así fue como se dio la cena muy rica, con postre, café y los clásicos coñacs. Mari tomó dos copas de Coñac que le gusta mucho, y la vi un poco coloradita; ya entrada la noche dos de las parejas que nos acompañaban se despidieron: una de ellas porque iba a viajar al día siguiente, la otra tenía un bautizo por la mañana, y por supuesto no querían desvelarse mucho, así que nos dejaron platicando a los demás, quedándonos nosotros con una pareja de amigos y con el solitario. Ellos que eran una pareja liberal, estaban muy cachondos besándose, ya nos tenían un poco nerviosos, pues tenían poco tiempo de casados y son muy bromistas, por lo cual empezaron a decir ¿bueno y a qué hora nos encueramos?, por supuesto mi amigo Ernesto el solterón estaba más que puesto, siguiéndoles la broma y diciéndoles a las señoras que las dos empezaran un Striptease. En eso sonó su teléfono, para avisarles que su Bebé estaba inquieto, pues lo habían llevado a vacunar y tenía fiebre, así que se fueron, quedándonos solos mi amigo Ernesto y yo, Mari como es su costumbre empezó a recoger los trastes y a lavar la loza, siempre que hay una fiesta no se acuesta si no deja todo limpio.
Mi amigo y yo seguimos tomando y jugando con una baraja Española, le serví a Mari otro coñac, con otra ronda de cubas para nosotros, fui posteriormente al congelador a sacar un poco de hielo, para darme cuenta de que en el refrigerador tenía dos botellas de vino tinto que tanto le gusta a ... el cual siempre se desinhibe cuando bebe.
Después de un rato mi esposa terminó de lavar todo y se fue a sentar con nosotros a platicar, cuando Ernesto le dice que se veía muy cansada, contestándole ella que mejor se iba a cambiar para irse a dormir; como a los quince minutos, regresó con su bata y pantuflas puestas, para eso le tenía servida una copa grande de vino que tanto le gusta para despedirse, la cual bebió rápido diciendo que ya estaba relajada de la presión de atender a tantos amigos, y preguntó qué estábamos haciendo, si no nos interrumpía con su presencia. Le contestamos para nada nos interrumpes, diciéndole que mejor se sentara con nosotros en la mesa hasta que se fuera Ernesto, y le serví otra copa de vino.

En eso mi amigo le dijo en broma que estábamos jugando Strip-poker, a lo cual ella soltó una carcajada que le duró un buen rato, quizás por el efecto del vino. Ernesto siguiendo el mismo tono de broma, comenzó a repartir las cartas para los tres. Mari levantó sus cartas y ganó la partida, pero a Ernesto le fue peor, así que pagó esa primera partida con sus zapatos. En la segunda partida me tocó a mí dar las cartas, ¡y sorpresa!, que pierde de nuevo Ernesto, y paga esta vez la apuesta con sus calcetines, ya en la tercera ronda Mari reparte las cartas y perdí yo; para no hacer este cuento tan largo, a Ernesto sólo le quedaban los pantalones y yo estaba en calzones, y mi esposa claro está, no había perdido ninguna partida. Por supuesto estaba muerta de la risa, así que de castigo le impusimos que tomara otra copa de vino, y decidimos seguir jugando, al fin que Ernesto todavía tenía algo de ropa, y no había peligro en nada. Fue en esta ocasión que le tocó por primera vez perder a mi mujer, fácil le quedó, pues solo se quitó las pantuflas poniéndolas sobre la mesa. Decidimos seguir, y repartí las cartas está vez, y ¡oh sorpresa!, que pierde nuevamente mi esposa, quitándose esta vez la bata, dejándonos ver su pijama tipo Baby Doll en color blanco, a la cual se le transparentaban un poco los pechos, dejando entrever sus pezones que en ese momento estaban dilatados, poniéndose ella en ese momento un poco nerviosa. Yo empecé a sentir un cosquilleo en mi miembro, nunca había visto que otro hombre observara a mi esposa como en esa ocasión, así que decidí tomar mi vaso de cuba y bebí la mitad de un trago. Ernesto estaba feliz, le costaba disimular su mirada sobre mi esposa; yo comenzaba a arrepentirme de lo que estaba pasando, pero pensé que yo mismo tiempo atrás había estado con otras mujeres, así que en esta situación no tenía mucho que reclamar, y además me sentía un tomado y también muy excitado por este momento, que era muy raro para Mari y para mi, así que decidí tomar la baraja nuevamente y repartí otra mano, y que le toca perder de nuevo a Ernesto.


No entendí en ese instante por qué lo vi por primera vez apenado y sonrojado del rostro, si solamente seguía en pantalones, no veía ningún problema en que se los quitara, para lo cual después, daríamos por terminado el juego en ese momento. El no quería bajárselos, mi esposa y yo lo abucheamos diciéndole que era un ... que parecía una señorita con ese pudor. Y bueno, pues tomó su vaso y se bebió la cuba de un jalón para darse finalmente ánimos, poniéndose de pie comenzó a desabrochar su pantalón, ¡y qué sorpresa nos dimos mi mujer y yo!, pues caímos en la cuenta de que no llevaba ropa interior, y vimos su pene totalmente erecto, seguramente por la excitación de la sensual visión de mi esposa en esa especie de Baby doll. El siguió de pie, total ya lo habíamos visto, y mi esposa permaneció sentada viendo su miembro con ojos de incredulidad, pues nunca había visto un falo sin circuncisión; su enorme prepucio lo cubría casi todo, solo sobresalía la punta de su pene, parecía que tuviera un condón de piel puesto. Mari volteaba a verme como diciendo ¿y ahora qué hacemos con esta situación?, pero para provocarla más le dije a Ernesto enséñale como se pela, y él sin recato y de forma obediente comenzó a deslizar el prepucio de su pene hacia atrás, empezando a aparecer la brillosa cabeza de su miembro. Mari no daba crédito del momento, el morbo le impedía dejar de ver, se veía muy excitada y caliente, volteó nuevamente a verme para preguntarme esta vez con su voz ¿qué diablos sucede?, para lo cual le respondí no te preocupes cariño, de todas formas te debo una ¿te acuerdas?.

Ernesto volteó a verme y yo le guiñé un ojo aprobando la situación. Mi esposa seguramente comprendió al instante cuando le dije Te debo una ¿te acuerdas?, que junto a su desinhibida y ligera embriaguez, permitieron que accediera a una pequeña aventura junto conmigo; así que le sugerí a ella que podía tocarlo, que lo cobijara para que no se resfriara. Ella tocó sus piernas, subiendo muy lentamente hasta tocar sus testículos, luego tomó en su mano el pene erecto de mi amigo y comenzó a moverlo poco a poco hacia delante y atrás, lo pelaba lentamente todo de nuevo, como curioseando y experimentando algo que no había visto ni sentido antes, movió una vez más el prepucio al cual se le derramó un poco de líquido, pero a ella pareció no importarle y decidió seguir masturbándolo. Yo sentía calambres en la espalda y mil sensaciones más al ver a mi esposa haciendo eso, así que me bajé por la alfombra para meterme debajo de la mesa y poder tocar a mi mujer entre sus piernas, confirmando que estaba más húmeda de lo que imaginaba, y comencé a bajarle sus calzones para dejarla a gusto, para lo cual ella se deslizó a la orilla de la silla para dejarme hacerlo más fácil; abrí sus piernas poco a poco, y empecé a lamer su vagina suavemente, la cual estaba muy empapada, yo estaba completamente poseído, su clítoris estaba como piedra y empezó a venirse de forma espontánea. Después de un buen rato recordé a Ernesto, y me asomé para ver qué sucedía:
Ella tenía el miembro de Ernesto dentro de su boca, en ocasiones acariciaba con su lengua la cabeza de su pene, otras recorría toda su longitud aprisionándolo entre sus labios, hasta introducirlo nuevamente en su boca. A mi amigo le temblaban las piernas y apretaba con ansias los pechos de mi esposa, en ese momento salí debajo de la mesa para levantarme y acercarme a Mari, la puse de pie para quitarle finalmente su Baby doll y su sostén, quedando completamente desnuda igual que nosotros, fue la primera vez que ella estaba así ante un hombre que no fuera su marido, y por supuesto Ernesto quedó impresionado ante la belleza de mi mujer, pudo ver sus hermosos senos, en cuyo centro se hallaban dos redondos y rosados pezones, al ir bajando su mirada pudo ver su bien tornado vientre, del cual más abajo pudo hallar su velludo pubis; sus blancas piernas como la leche completaban el sensual cuadro.
A nuestro invitado se le salían los ojos al verla, ella quedó de espaldas a mí y yo la sostenía por detrás poniendo mis manos en sus caderas y pechos. Ernesto se acercó y Mari le permitió besarla apasionadamente, poco a poco ella empezó a arquearse hacia delante, para lo cual Ernesto tuvo que hincarse para seguir besándola, comprendí que ella quería que yo la penetrara por detrás, así que introduje mi miembro poco a poco sintiendo como me deslizaba dentro de su húmedo interior, y paulatinamente fuimos aumentando el vaivén del coito. Ernesto quedó de pie dejando que Mari siguiera estimulando su pene, ella pasaba toda su lengua y así seguía de atrás hacia delante, hasta introducir de nuevo el miembro en su boca, el cual ya estaba rojo y a punto de estallar. Mi mujer jadeaba, me tocaba los muslos y las nalgas cada vez que podía; decidí arquearme sobre ella para susurrarle al oído esta es tu noche, disfrútala, no te cohíbas en nada, a lo cual ella giró su cabeza y me dio un gran beso de fuego. Para ese momento yo tenía el pene más duro que el cemento, Mari giró hacia mí y me abrazó; como pude la baje a la alfombra y la acomodé abierta de piernas para que pudiéramos los dos ver su velludo sexo. Ernesto devolvió el favor que le hacía mi mujer, y comenzó a tocar suave y lentamente sus muslos, acariciando con sus dedos poco a poco su entrepierna y luego introduciéndolos en su húmeda vagina. En eso decidió utilizar también su lengua, empezando primero entre sus piernas, y siguiendo el mismo recorrido que anteriormente hicieron sus manos y dedos, llegando finalmente a sus labios vaginales, los cuales masajeó y chupó a la vez, introduciendo su lengua entre ellos como si fuera un suave pero hábil miembro masculino. Mi amigo se daba un festín con mi mujer, Mari estaba como desmayada de tanto placer, a mí que me dolían los testículos junto con el pene que estaban durísimos, y seguí observando a mi esposa por un rato, viendo como gozaba de ese placer oral que mi amigo le obsequiaba, hasta que determiné incorporarla y arrodillarla sobre la alfombra, para que Ernesto pudiera colocarse detrás de ella; separó ligeramente sus piernas y comenzó muy lentamente a penetrar a mi mujer, yo me sentía un poco celoso, con muchas dudas, ¿qué pasaría con nuestro matrimonio?, pero en eso recordé que yo le había sido infiel a ella en muchas ocasiones y con más de una mujer, lo hice traicionando totalmente su confianza, y ella perdonó al final todo lo que hice sin ningún rencor.
Así que decidí dejar de lado mi recelo y seguí observando todo lo que sucedía: la vista era tremenda, habían cambiado de posición y ahora ella estaba tirada en el suelo sobre su espalda, con Ernesto encima moviéndose muy lentamente, emitiendo sonidos y jadeos los dos; yo seguía muy caliente y comencé a masturbarme para aliviar un poco la tensión que tenía, pero mi pene era casi insensible y seguía durísimo, no logré venirme y mejor me acerqué a la mesa para tomar un trago.

El seguía bombeando lentamente, gozándose los dos al máximo durante unos 10 minutos, él después dijo me voy a venir, a lo cual mi mujer le contestó vente fuera de mi, quiero sentir tu semen en mis manos. Se besaban entrelazando sus lenguas, aumentaron los jadeos y Ernesto se vino encima de su velludo pubis, convulsionándose los dos sobre la alfombra. Un momento después mi mujer me buscaba con la mirada, y me llamó con los brazos; Ernesto se había levantado en ese momento para irse al baño, yo me acerqué a ella y me abrazo de inmediato, empecé a penetrar su vagina que estaba hirviendo, y supuse que no había podido alcanzar el orgasmo con mi amigo, lo cual me hizo sentir un tanto superior a él. Consumando nuestra pasión, mi mujer comenzó con una cadena de orgasmos aprisionándome con sus músculos vaginales, como si fueran una mano, y en ese momento no pudo más, gritó de placer como si estuviera hiriéndola; yo poco después solté chorros y chorros de semen, a lo cual ella me abrazó diciéndome gracias, con su cara radiante y angelical.
Cuando volteé hacia un rincón vi a Ernesto, por un pequeño instante me había olvidado de él. Mari se levantó en aquel instante para tomar unas servilletas de papel que estaban sobre la mesa, se limpió con ellas corriendo de inmediato al baño, ya que le escurrían ríos de semen por los muslos. Mi amigo aprovechó el momento para hablar, y me dijo que esperaba que lo ocurrido no fuera a afectar nuestra amistad, se sentía muy mal de haberse dejado llevar por un impulso animal, y entendería si le decía que esa sería la última vez que nos vería. Yo le dije que no se preocupara de nada, que finalmente había sido un acuerdo entre mi esposa y yo de última hora, y los dos permitimos que sucediera lo que pasó, por que esta era la noche de mi mujer. Mari regresó con su bata puesta y yo aproveché para ir también al baño; cuando regresé me fui a la cocina y saqué del refrigerador una botella de vino espumoso para poder brindar, y así no perder el efecto embriagante que poco a poco nos abandonaba, serví tres copas y brindamos. Qué rico nos cayó el trago, pues teníamos seca la garganta los tres, y las burbujas empezaron hacer efecto. Ernesto comentó que había tenido sexo con muchas mujeres, y esta había sido una experiencia nueva para él, me dijo que yo era muy afortunado al tener una esposa tan hermosa. Le pedimos a mi mujer que se quitara la bata para ver su desnudez, pero que a la vez bailara un poco de forma sensual para admirar su plenitud. Ella accedió y se puso de pie, comenzó a bailar muy rico y sensual, sacaba las piernas completas de la bata de vez en cuando, y cuando iba a verse su pubis, se tapaba y daba vuelta, nos pasaba una pierna por nuestras caras absortas, y observé que el miembro de mi amigo comenzaba a tomar vida nuevamente, él de forma simulada trataba de ocultarlo; en eso ella se dejó caer la bata de espaldas a nosotros, y siguió moviendo sus caderas agachándose poco a poco hasta el piso, con sus piernas dobladas y separadas, dándonos una buena vista de su precioso sexo, terminando así la canción. Al incorporarse nos dijo que no sabía si podía atreverse a contarnos una fantasía que tenía, le daba pena contarla con nosotros, pero le pedimos que lo hiciera, al fin y al cabo era su noche. Nos sorprendió a los dos al decirnos que quería chupar nuestros penes al mismo tiempo, para lo cual inmediatamente brincamos como resortes al lado de ella, Mari se hincó y comenzó a tocar nuestros muslos suavemente con sus manos, para subir lentamente hasta nuestras nalgas, y pasando así a tomar con sus dos manos nuestros falos, los cuales para ese momento estaban a cien. Empezó entonces a acariciar con sus labios y su lengua mi pene, hasta introducirlo en su boca, e hizo lo mismo con Ernesto, alternándose así de momento en una felación doble, cambiando entre nosotros cuando a ella le daba gana. Luego de un rato más juntó los dos miembros, y yo sentí otra descarga de placer desde la punta del pene hasta la espalda, cuando ella lo restregó contra el de mi amigo, chupándolos al mismo tiempo, y después de forma espontánea decide cambiarnos de posición a los dos, nos puso frente a frente, juntó las puntas y recorría los miembros con su lengua por arriba y debajo; yo cerré los ojos porque las sensaciones eran muy fuertes, sentía cosas deliciosas.
Estábamos a mil, cuando entonces Ernesto nos pide que quiere vernos coger, decidí ponerme boca arriba y le dije a Mari móntame mi amor, solo porque estaba como piedra fui muy lentamente penetrándola, iniciando ella un movimiento de arriba a abajo, su húmedo interior estaba a 100 grados y no quería venirme tan rápido por lo placentero del momento, no puede ser estoy soñando me dije, Mari estaba llegando al orgasmo, jadeaba y gritaba cógeme más fuerte, yo la tomaba de sus senos al mismo tiempo, hasta que ella emitió un grito todavía más fuerte y se desplomó sobre mi pecho. Yo no pude contenerme más, y unos cuantos instantes después sentí como se derramaba una explosión de semen dentro de ella, y quedé de espaldas descansando. Ernesto se levantó y nos acercó las copas que poco antes bebimos, Mari salió corriendo al baño nuevamente, y él me dijo: qué tremenda mujer tienes, es una maravilla única, nunca había visto una mujer así, por supuesto agradecí el cumplido. Al rato regresó mi señora con una sonrisa quizás un poco desconfiada, pero satisfecha. Fue ahí cuando me di cuenta por qué cuando tenía aventuras con otras mujeres quedaba tan descontento, no lo hacían igual de rico que mi esposa, tenía que decírmelo mi necesidad de ella cuando casi nos divorciamos por mi infidelidad, y en aquella noche fue más fuerte la experiencia de tres amigos que sin celos ni recriminaciones alcanzaron el clímax. Ernesto dijo bueno lo caliente no quita lo decente, levantó su copa y brindamos juntos.
Le pregunté a mi amigo si quería comer de lo que sobró en la cena, pero desistió, era suficiente para él tanto vino y emociones, se despidió dándole un beso en la mejilla a mi esposa, y al lado de la puerta me dio un gran abrazo, se fue siendo las 4:30 a.m.. Nos fuimos a dormir mi esposa y yo para despertamos casi a medio día, nuestros hijos llegarían a casa hasta la tarde junto a sus abuelos que los llevaron a Guadalajara. Meses después vi a Ernesto nuevamente, estuve en su departamento de soltero, comimos riquísimo en compañía de otros amigos, y nos sentamos a ver el fútbol como si nada hubiera pasado tiempo atrás, ninguno de nosotros dijo algo. Con Mari mi esposa, la vida siguió igual, quizás mejor, pero en el terreno sexual cambió todo, tenemos sexo con mucha pasión, y nos llevamos de lo mejor, se acabaron los celos y los engaños. Ahora soy hombre de una sola mujer.


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Precioso!

Un hermoso relato, cosas raras que suceden y si el marido lo acepta tanto mejor, buen relato.

 

Ufff q super noche habra pasado mariii

Oralesss buenisima historia ..!! No cualquiera le permitiria a su esposa hacerlo con el amigo en recompeza de todas las infidelidades ..!!

 

Alucinante.

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