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Espiando a mi amiga y su papa

 

Marili y yo fuimos amigas desde pequeñas. Fuimos juntas al colegio primario, la secundaria y estamos en la Universidad. Conocíamos los secretos más íntimos de cada una. Ella era la única hija de un matrimonio de clase alta y vivió una vida de lujo y felicidad hasta que a los nueve años su madre falleció en un accidente automovilístico. A Marcos -su padre- nunca se le conoció otra mujer ni tampoco tenia interés alguno por tenerla. No era el típico viudo triste y deprimido, pero jamás volvió a casarse. Marili sintió la muerte de su madre y sufrió mucho el primer año de ausencia, pero logró superarlo y salir adelante. Así crecí junto a ella, pasando la mayor parte de la semana en su casa, haciendo la tarea juntas, yéndonos de vacaciones con su padre, viviendo como hermanas. A medida que crecíamos compartíamos el mismo grupo de compañeros de club y frecuentando el mismo circulo social. Nos desarrollamos como dos chicas sanas y realmente bonitas. Las dos éramos de piel muy blanca, pero teníamos el color del mar por las largas caminatas por las playas. (Solíamos viajar mucho a lugares de sol, no nos gustaba el frío) Marili de ojos color café y cabello castaño, yo de ojos negros, piel blanca y cabello negro. Teníamos esa clase de físico modelado que gustaba a todos, pechos firmes y piernas bien torneadas, no nos podíamos quejar de nada, éramos felices.
Una noche, una de las tantas en las que me quedaba a dormir con ella, su padre cenó con nosotras y avisó que no saldría, que se quedaría en la casa así que nos pidió que no subiéramos el volumen de la música como era nuestra costumbre, porque necesitaba descansar. Así fue como nos acostamos temprano, tratando de hacer el menor ruido posible (difícil cuando se tienen 18 años y la sangre en plena ebullición) y nos quedamos dormidas rápidamente. En la madrugada me desperté con mucha sed dispuesta a bajar a tomar algo en la cocina. Me di cuenta que la cama de Marili estaba vacía y pensé que estaría en el baño o habría tenido la misma necesidad que yo, así que la encontraría en la cocina, tomando su bendito jugo de pomelo. Me dirigí a la escalera y cuando pasé por el cuarto de su padre, me llamó la atención una serie de suspiros poco habituales en esa parte de la casa, eran suspiros femeninos y yo sabía muy bien que Marcos no había llevado ninguna mujer a la casa. Me detuve frente a la puerta de su dormitorio y escuché como los suspiros se convertían en gemidos y no precisamente de dolor, sino que parecían ser de un placer extremo. Como la puerta estaba cerrada, pero mi curiosidad iba en aumento, decidí salir por la ventana del cuarto de servicio para poder espiar por los balcones. Abrí las ventanas del balcón de servicio y pasé una pierna primero y después la otra al balcón del cuarto de Marcos. Las cortinas no estaban cerradas así que el panorama para ver era inmejorable. ¿Cómo describir la sensación que tuve cuando vi en medio de la cama a Marili completamente desnuda, a merced de la boca y de los dedos de su padre? Al principio me dieron ganas de salir corriendo, sentía un agujero en la boca del estómago, como un vacío de asco y de incomprensión y una parte de mí quería salir corriendo de esa casa y de la vida de ambos. Otra parte de mí me impulsaba a quedarme y a seguir mirando. Marili, espléndida en su desnudez, estaba tendida en la cama con las piernas abiertas; con una mano empujaba la cabeza de su padre hacia su vagina y con la otra se apretaba su pecho izquierdo, con una fuerza increíble, lo estrujaba sin control y no cesaba de gemir. La boca de el, parecía querer comerse de un solo bocado esa preciosa concha que aparecía iluminada con la luz de la oscuridad, la saliva de él y los jugos impresionantes que ella despedía. La lengua de su padre se arrastraba de adelante hacia atrás, sin dejar centímetro sin mojar, esparciendo ese flujo espeso por todos lados sin descanso, mientras sus caderas se elevaban para que quedaran justo a la altura de su boca, esa boca que parecía un pulpo hambriento, desesperado por tragarla. -Un dedo... Dame un dedo. Le escuché decir a mi amiga del alma. Marcos colocó su dedo mayor dentro del agujerito de la concha, lo metió y lo sacó tres veces, lo humedeció completo y después de chuparlo se lo colocó en la boca a ella, que lo lamió en una forma sensual, mirando directamente a los ojos a su padre mientras lo hacía, saboreándose directamente de su fuente. La boca de Marcos absorbió los pechos de Marili, su lengua lamió los pezones llenándolos de saliva para después morderlos y estirarlos hasta que quedaron erectos y rojos, se veían duros como pequeñas piedras rojas. Más papá, chupa más- repetía, con un tono de voz grave, bajo, casi desconocido para mí. Así lo hizo él, como sí de los pechos de una madre se tratara se prendió a ellos, succionándolos como sí de ellos pudiera sacar leche, lamiéndolos desesperadamente. Por entre las piernas de Marili podía ver la tremenda erección de Marcos, el tamaño de su pene, las dimensiones que había alcanzado y comencé a darme cuenta en ese instante de mi propia excitación, de la humedad que sentía entre mis piernas y de la dureza de mis propios pezones, pegando contra mi camisa de dormir. Marcos bajaba con su boca por el cuerpo de su hija con una maestría, con un conocimiento del terreno y de los deseos de ella que me dio la pauta de que esto no estaba sucediendo por primera vez. Volvió a su entrepierna para refregarla un poco más, para lamer algo más de todos esos jugos que expedía y para satisfacer los pedidos de su nena. -Muerde el clítoris, papi... Muérdemelo como vos sabes... quiero gozarte papi. Y allá fueron sus dientes, para hacerse cargo de ese botón rozadísimo que comenzó a crecer cuando sus dedos lo movieron en círculos, se metieron dentro del agujerito para poder mojarlo, lo rodearon y después su boca lo estiró, sus labios lo sacaron hacia afuera, los sorbieron como si fuera el último bocado que esa boca probaría en años. Te deseo tanto, hijita ¿Como me gusta el sabor de tu concha? -Chúpamela más, papi... Más, mucho más- suspiraba totalmente descontrolada. Y Marcos siguió hasta que levantando la cara, la miró a los ojos y le susurró: -Ahora te voy a meter la pija suavemente ¿Estas lista? Si, quiero que me cojas, dámelo-. Y acto seguido, mientras ella abría los labios de esa concha que brillaba empapada, él la penetró lenta, pero seguro y su pene completo fue engullido por la vagina de su hija. Comenzaron una danza de caderas y embestidas que me sacaban el aliento. Las manos de Marili iban de sus pechos a la cabecera de la cama, asiéndose fuertemente de los barrotes cada vez que su padre empujaba más y más dentro de ella. -Lo quiero entero- con la poca voz que le quedaba. -Lo tienes completamente adentro, ahora muévete nena, muévete. Goza ¡¡Así!! Yo no podía más, estaba completamente excitada y muerta de envidia, quería ese pene dentro de mí, quería esas manos empujando mis caderas, estaba por explotar, pero no podía dejar de mirar ni tampoco interrumpirlos. -Te gusta - preguntaba su padre. -Si, me encanta papi ¡Quiero más! ¡Mucho mas!-. Dicho esto, Marcos lo saco de la concha y, aun duro y brillante, lo arrastró entre la abertura de la vagina y el culo de su hija, que se retorcía de placer en la cama. La puso de rodillas, dejando frente a sus ojos sus dos agujeritos, sus glúteos perfectamente formados, mientras que los pechos de Marili se aplastaban contra las sábanas y sus manos se estiraban hacia su clítoris para seguir estimulándolo. -Pídemelo, pídemelo donde más te guste, le decía -. -Dámelo por atrás, papá. Cojéme por el culo. ¡Cómo tú quieres! ¡Dámelo por atrás!-. Sin dudar, Marcos acercó su boca hasta el agujero del culo de su nena, lo lamió un poco, dejó caer un poco de saliva y lentamente con sus manos comenzó a colocar la punta de su pene primero, probando la reacción de Marili. -Humm, más, más. ¡¡No me dejes así, papá!!-. Esto inflamó más los deseos de su padre y siguió metiéndole ese maravilloso e hinchado pene hasta que de un empujón lo enterró por completo entre las nalgas de mi amiga del alma. -Hay, que divino... Ah, mételo y sácalo-. -¡Acá lo tienes querida! ¡Enterito!-. Y sus manos acercaban y alejaban las caderas de su nena logrando que su pene la atravesara una y mil veces, que entrara y saliera con una facilidad asombrosa de ese pequeño agujerito que ahora estaba completamente dilatado. Mis manos, a esa altura de las cosas, no hacían más que refregarse por sobre mi camisa de dormir y me estaba mareando el olor que salía de la habitación del papá de mi amiga, mezclado con el que subía de mi entrepierna. Después de un buen rato de empellones, Marili le ordeno a su padre: -Quiero leche papi, dame tu leche tibiecita-. Y Marcos sacó su pené del culo de su nena y se lo colocó entre los labios de la boca. Ver la boca de Marili engullendo ese trozo me terminó de enloquecer, el pené de su padre entraba y salía de su boca, su lengua lamía el glande y parecía estar tomando un helado exquisito, las manos de su padre empujaban la boca de su nena hacia su ingle sin cesar. -¡Esta caliente, papa! ¿Te gusta como te lo mamo?-. -Humm, dale más duro mi amor, que la lechita ya viene..., me haces gozar tanto!- Marili siguió lamiendo y succionando hasta que un chorro de semen cubrió sus labios y su lengua lo saboreó y desparramó por toda su boca, ofreciéndole la misma a su papá, terminando los dos con un beso amplio, generoso, húmedo y sabroso. Tratando de recobrar la compostura, me moví sigilosamente y retrocedí para volver al balcón de servicio y poder llegar nuevamente a la cama. Cuando iba camino al cuarto me di cuenta que tenía la boca seca y mi entrepierna muy húmeda. Desde la cocina me fui inmediatamente al baño, había quedado terriblemente excitada, sentía como se había acumulado mi flujo en la vagina y no quería dormirme de esa forma, me senté al borde de la bañera y me dispuse a terminar con el placer de una masturbación. Lentamente abrí mis piernas, tomé la esponja que había y con ella comencé a rozarme la vulva, los labios de la vagina y a adentrarme en ella con delicadeza, aunque la tarea era muy fácil porque estaba inundada de flujo. La esponja acarició mi clítoris en forma de círculos repetidas veces y decidí dejarla de lado para que mis dedos pudieran deslizarse dentro de mi propia concha y así sentir mis humedades más fácilmente, lo cual me excitaba sobremanera. Durante todo el tiempo en que me masturbé no pude dejar de pensar en el padre de Marili, en sus manos sobre ella, en su lengua recorriéndole, en su pené enorme atravesándola y sus gemidos me excitaban y a medida que mi mente los reproducía mis dedos entraban más profundamente en mí y mis caderas se elevaban más y más. Logré un orgasmo increíble, prolongado, uno de los más placenteros que había tenido hasta ese momento y sabía que se lo debía a ellos. Después de lavarme la vagina y los muslos, que habían quedado chorreados de mis propios líquidos, me fui a la cama. Al llegar escuché la respiración de Marili y supe que estaba profundamente dormida.
continuara


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Muy bueno

 

Muy bueno

De los que merecen ser recogido en un libro...

Me encantó, para cuanod la 2 parte?

 

Mmm

me has dejado calientisima

 

Me corri una paja

Me gusto el relato , y me corri una paja con expulsion de mucho semen.

 

Es ficticio

por: androginas

Busque porque yo tengo un problema similar, pero me parece que eso es pura fantasia, dudo mucho que tu amiga se comportara como dices, sobre todo con las expreciones que dices.
Creo que para exitarse esta bien, pero no creo que sea cierto.

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