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Ya no se que hacer....

 

No puedo mas seguir así, no me quiero, no confío en mi, soy muy insegura, tengo mucho miedo a todo, sobre todo a sufrir y que me hagan daño, en el colegio lo pase muy mal también por ser muy tímida, de pequeña nunca he sentido el cariño de mis padres y ahora apenas tengo relación con ellos, aunque vivo en su casa, siempre me siento sola aunque este rodeada de mucha gente
He perdido muchas oportunidades en la vida por eso, acudo a terapia, pero no creo que me ayude a nada, por que dice que no cree que mi autoestima sea un problema
He leído muchos libros de autoayuda también para ver si mejoraba, pero estoy bien dos semanas y luego otra vez igual
Y ahora que después de cinco años mi pareja sea roto, aun me siento mas sola porque no tengo nada ni amor, ni familia. el único momento en el que me sentía tranquila y relajada era cuando estaba con el.. Ya no tengo ganas ni de vivir, ni de comer, ni de nada
Siento mucho haberos soltado todo este rollo pero solo con escribirlo a veces una se siente mejor, además también mi mejor amiga que siempre me acompañaba en mis ratos malos, se ha echado novio y claro tienes mejores cosas que hacer

Un saludo a todos!


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Luchar por ti misma, que es lo más importante que tienes en esta vida

Te voy a contar la vida difícil y dolorosa de una personita que nació cargada de esperanza e ilusiones y que, aunque lo fue perdiendo todo por el camino, aún sigue estando aquí... Pero no puedo ir en orden, porque debo contarte primero unas cosas para que luego puedas comprendas otras.

Empezaré en 2003. Ella es profesora universitaria y trabajaba en 2 sitios a la vez, 12 horas diarias, completamente explotada y con la tesis por terminar. Pero una carta dela uni le avisó que el plazo máximo de entrega era septiembre de 2004, y aunque tenía bastante trabajo hecho, con el ritmo de curro que llevaba, pudiendo trabajar sólo 1 mes y medio en verano, iba a ser imposible acabar a tiempo. Así que sus padres le ofrecieron dejar el trabajo (ellos se encargarían de sus gastos) a cambio de que terminara la tesis en junio, para defenderla en julio y buscar trabajo en septiembre. Y así lo hizo.

Por lo que sé, fueron los peores meses de su vida: trabajaba 16 horas al día sin parar a comer siquiera. Y así día tras día, mes tras mes, sin salir a la calle, sin ver a nadie.Pero no sólo no terminó en junio, sino que en julio, completamente agotada física y mentalmente, se bloqueó. Sus padres le ofrecieron subirse con ellos a la sierra para echarle una mano y tratar de desbloquearla. ¡Y lo consiguieron! Hasta que el 17 de agosto terminó su tesis doctoral.

Y como tenía que imprimir copias para el departamento y su impresora era una patata, continuó en casa de sus padres (¿qué hacía ella sola en su casa?), arregló todos los papeles de la defensa, definió el tribunal, hizo las copias para los miembros y a finales de octubre... ¡Horror! Ella, una mujer hiperactiva, estaba sin nada que hacer...

Y no se le ocurrió otra tontería que crearse un perfil en el Match y esperar a ver qué pasaba. Cuando a los 2 días abrió su correo...¡No se lo podía creer! Mensajes y mensajes de gente que quería conocerme. Y, a pesar de los avisos de su familia y sus amigas, se metió en el lío más gordo de mi vida. Por lo que me contó, siempre entre sollozos y llantos desesperados:


* El 1 sólo quería sexo y abusó tanto de ella que estuvo a punto de tener que llamar a la policia.
* El 2 desapareció a los dos días de conocerla, despidiéndose con un cobarde SMS en el que la decía que era demasiado mujer para él.
* Con el 3 duró 2 semanas justitas, pero la dejó por una ex- de 56 años por la que decía estar obsesionado y diciéndola que ella se merecía algo mejor que él.
* Y con el 4, que era de León, descubrió, de la manera más humillante que te puedas imaginar, que lo único que quería era tener un rollo en Madrid para cuando viniera en viaje de negocios.

Y todo esto ocurrió entre el 1 de noviembre de 2003 y el 8 de enero de 2004. Y si te digo que cada uno de ellos le asestó una durísima y cruel puñalada en el corazón, creélo: porque sé que es una mujer extraordinariamente sensible, confiada, buena persona, extrovertida, amable, deseosa de ayudar a quien lo necesite, muy, muy necesitada de cariño, aterrorizada por el abandono... Y sé de buena tinta que cada uno de ellos, una semana tras otra, le dio donde más le dolía.

Así que, el 8 de enero, emocionalmente destrozada, sin un ápice de autoestima, humillada, sola, sintiéndose totalmente abandonada y sin querer atender a razones, cogió una botella de ginebra, se tumbó en su cama y se puso a ver la televisión, un comportamiento que mantuvo inalterable, botella de ginebra incluida y por más que le pedía que me dejara ayudarla, hasta el 13 de enero.

Sé que esa mañana se levantó más tranquila: me contó que arregló la casa, que bajó al súper a comprarse unas botellas de vino rosado espumoso, unas cuchillas de afeitar para depilarse y unas sales de baño, y que volvió a casa a preparar la comida porque venía su hermana (por la que siente pasión) a verla.

Y supongo que cuando su hermana se marchó, totalmente calmada y en paz y mientras me tomaba una de sus botellas de vino, escribió una carta para cada uno de sus padres y hermanos, se preparó un buen baño de sales calentito, preparó las cuchillas de afeitar, se abrió la otra botella de vino, se metió en la bañera y se cortó las venas.

¿Qué había ocurrido? Creo que ni su cabeza ni su corazón podían más ya: además de lo que ya te he contado, fue violada a los 18 años por su primer psiquiatra, un alumno suyo y ella se enamoraron, vivieron juntos 2 años y medio (se quedó embarazada y él la obligó a abortar, cosa que nunca ha llegado a perdonarse) y la dejó tirada en la calle, un profesor de la universidad abusó sexualmente de ella, salvo el pendejo del alumno, los chicos siempre le dejaban a los 3 meses y medio, y lo mismo le ocurría con sus amigas (a excepción de mí y alguna más, que creo que hemos sido las únicas que hemos sabido comprenderla), su madre no dejaba de machacarla y controlarla, de exigirla, de criticarla, de compararla, de acusarla de haber destruido a la familia, de haberla arruinado económicamente, de haberle destrozado la vida, su padre era como si no existiera (de hecho, en su primer intento de suicidio -el del psiquiatra- se enfadó con ella y, ya entrando en coma cuando llegaban al hospital no tuvo la decencia de ayudarla a entrar en las dependencias, cuando ella ni siquiera se mantenía en pie y su hermano mayor prácticamente no podía con ella), sus hermanos varones la despreciaban, un profesor de la universidad que solia conseguirla bastantes trabajillos de docente dejó de llamarla cuando ella cayó en depresión por causa del abandono de su alumno y, encima, hizo correr la voz por toda la universidad...

Pero tuve la mala suerte de que la llamó otra de esas amigas, que también sabía que no estaba bien, y que se olió el pastel. Y cuando se quiso dar cuenta, tenía a la policía y al samur en su casa... Y de ahí al hospital. Montó un pollo que te cagas, porque, además de haberse cortado las venas, se había cortado también brazos y piernas: y cada vez que el cirujano la cosía, ella se quitaba las vendas y los puntos y se escapaba. ¡Tres veces tuvieron que coserla! ¡Y 3 seguratas tuvieron que venir para reducirla y ponerla una inyección de aloperidol para dormirla!

Y llegados a este punto, ya puedo compartir contigo mi secreto: esa personita que nació cargada de esperanzas e ilusiones y que lo ha perdido todo en el duro camino de su vida soy yo.

Tengo 40 años y en el hospital me diagnosticaron una enfermedad mental, que en mi caso es crónica, llamada Trastorno Límite de la Personalidad, si bien es cierto que, debido a los graves problemas psicológicos que he sufrido desde los 14 años, haya tenido esa enfermedad desde entonces: anorexia (en cuya peligrosa cuesta abajo sin control he vuelto a caer desde hace unos meses), bulimia (superada), neurosis que han derivado en brotes psicóticos, profundas y largas depresiones (con una intensa agorafobia), constantes ataques de ansedad y pánico, trastornos obsesivo-compulsivos, trastorno del control de impulsos, dependencias del alcohol y las drogas (superadas) gravísimas autolesiones (tengo más de 1000 puntos producidos por cuchillas de afeitar y decenas de quemaduras de cigarrillos repartidas por todos el cuerpo, aunque ahora están controladas por la medicación -si bien es cierto que las ideas no han desaparecido-), gravísimos intentos de suicidio (controlados por la medicacón -aunque la idea de morir la tengo grabada a sangre en mi cabeza-), Y, SOBRE TODO, UNA NULA AUTOESTIMA Y UNA EXTREMADA INSEGURIDAD EN MÍ MISMA, UN TERROR INDESCRIPTIBLE AL ABADONO, UNA NECESIDAD INSOPORTABLE DE QUE ME QUIERAN QUE NUNCA PUEDO CALMAR, UN DOLOR Y UNA CULPA INTERNAS QUE ME CARCOMEN POR EL DAÑO QUE LES HE HECHO A LAS PERSONAS QUE ME QUIEREN, UNA SENSACIÓN DE VACÍO Y DE SOLEDAD PERMANENTES QUE NADA PUEDE CALMAR Y UNA DESCONFIANZA EXTREMA HACIA LOS DEMÁS (ya son demasiadas veces las que me han dicho que me quieren, que están conmigo, que me van a ayudar... y luego me han dejado más tirada que un trapo que ya no creo ni la hora que me dice cualquier persona ajena a mí).

Tras salir del hospital, pasé alrededor de 1 mes y medio en casa de mis padres, dedicándome a beber como una cosaca (acabé con la bodega de mi padre), a autolesionarmen bestialmente (incluso me infectaba las heridas con amoniaco) y a sufrir el mayor infierno que puedas imaginar.

Y en marzo de 2004, y ya cansados de aguantarme y del fracaso de los psiquiatras y psicólogos privados, mis padres me llevaron a la Seguridad Social, donde encontré a los dos único psiquiatras que han conseguido hacer algo por mí, que me ingresaron en un Hospital de Día. Y allí fue donde conocí al hombre más maravilloso del mundo, Antonio, del que, desde entonces, y hace ya más de tres años y medio, no me he separado ni un momento. Como yo, es un enfermo mental crónico (está diagnosticado de trastorno bipolar esquizo-afectivo y es alcohólico además), despreciado por su familia parental y marital (se separó hace 6 años de la manera más dura, cruel y dolorosa que puedas imaginar, debiendo abandonar a una hija de 18 años y a un hijo de 14), y junto al que tuve que enfrentarme tanto a nuestras familias (que, además de llevarse las manos a la cabeza al escuchar nuestra idea de compartir nuestras vidas, no dieron un duro por la duración de esa unión) como a nuestros terapeutas (que igualemente se llevaron las manos a la cabeza y desautorizaron por completo nuestra unión). Pero la fuerza de nuestro amor era tan intensa y, sorprendentemente, ya tan sólida, que nos liamos la manta a la cabeza y, tan solo un mes después de conocernos, trasladamos, en un par de días, todas las cosas de Antonio a mi pequeño apartamento.

Como ves, y a pesar de que nos amamos loca, profunda y verdaderamente, nuestra vida, debido a nuestras enfermedades, ha sido y, desgraciadamente, continúa siendo realmente muy difícil: mi marido me ha salvado la vida en 8 ocasiones, aun cuando los médicos ya le preparaban para anunciarle mi muerte, me ha llevado a urgencias en brazos porque no podía andar al haberme cortado las piernas y estar abiertas de par en par, ha tenido que llamar al samur cuando, para dormir y encontrar algo de paz, me he intoxicado medicamentosamente, ha soportados mis brotes psicóticos, corriendo detrás de mí cuando, como una loca, sólo buscaba cuchillos y tijeras para cortarme las venas (de hecho, el sábado pasado volví a abrirme una pierna en canal); y yo he soportado sus palizas cuando ha entrado en psicosis, he tenido que rehacer la casa cuando la ha destrozado, he tenido que sacar a los perros de casa para que no los matara, he tenido que aguantar sus insultos, he tenido que permanecer semanas enteras sola cuando entraba en depresión y no salía de la cama en días... Y nunca, nunca, hemos podido contar con la ayuda de nadie.

Por eso, si somos sinceros y hablamos en términos realeales, mi verdadera familia tan sólo está compuesta por Antonio y yo, que nos cuidamos y queremos mutuamente, por nuestros tres perros Yorkshires (que son como nuestros hijos, ya que por nuestras enfermedades y por la medicación que de por vida hemos de tomar, no podemos tener hijos) y por nuestras enfermedades. Porque no podemos contar con nadie más: ni familia, ni amig@s ni terapeutas, de los que te volveré a hablar después.

Hace dos años que nos trasladamos a vivir a Moratalaz y las cosas no han cambiado, salvo los psiquiatras y terapeutas, por supuesto (y es ahora cuando te digo que mi psquiatra sólo se ha dedicado a medicarme como a un elefante -tomo 18 pastillas diarias- y mi psicóloga, aunque se parte los cuernos por mí, tan sólo me escucha pero no es capaz de darme pautas de conducta; sus respuestas siempre son las mismas: "sobre este problema, tendremos que hablar"; ¡pero nunca volvemos ni retomamos la conversación sobre ninguno de ellos!). Pero Antonio sigue con sus depresiones y psicosis (aunque ahora éstas están algo más controladas) y yo continúo con mis neurosis, mis crisis y mi anorexia aguda. Y, por lo tanto, Antonio y yo seguimos estando solos, con nuestros perros y nuestras enfermedades:

* Yo, incomprendida por mi familia y despreciada por mis hermanos, abandonada por mis amig@s, acosada por mis multipatologías, que ahora parece que han vuelto con fuerza renovada (cuando no estoy maquinando la forma de suicidarme, estoy pensando dónde darme el siguiente tajo, y si no, ideando cómo hacerme una quemadura mayor que la última que me hice -que ya era grande de ... ; y como la medicación me ha puesto un muro químico que me impide llevar adelante todas estas aberraciones, que sé que lo son, pues he decido dejarla, y en ello estoy, un poco asustada, lo reconozco, porque ya sé a lo que me voy a enfrentar; pero igual que aquel 13 de enero exploté como una olla express, siento que ahora estoy llegando a la misma situación de saturación, y que se hace imprescindible que, antes que explotar, empiece a sacar mierda cuanto antes y como sea...). Y, como ya te he dicho, los efectos se han empezado a notar: estoy hipersensible, irritable, y el sábado pasado volví a autolesionarme con una saña increible, pero he conseguido vaciar un poco la olla de los dolores...

* Y mi marido, tras un verano sumido en lo que yo he denominado un "pre-brote psicótico" que me destrozó emocionalmente y arrasó todo lo que había conseguido reconstruir en los meses pasados (creo que mi brote del 1 de eptiembre fue debido, en parte a la bajada de medicación, pero en gran parte también, al despojo en el que me había convertido mi marido sin quererlo), lleva ya 2 meses sumido en la depresión más profunda que he vivido con él desde que le conozco, agravada además por la culpabilidad que siente por el comportamiento que tuvo con sus hijos durante su separación y que, además de hacerle sentirse en deuda permanente con ellos, le hace creer que nunca será posible establecer una relación con ellos que no tenga en cuenta el pasado. Y encima me he enterado de que parte de su depresión se debe a que me ve bien a mí (¡tú fíjate!) y que eso le quita la motivación para ponerse bien porque piensa que no le necesito y le hace pensar incluso que puedo llegar a abandonarle. Y después de mi autolesión del sábado, en la que me dejó completamente abandonada, ha decidido volver a beber.

Y cuando, antes de la autolesión, tuve el valor de contarle lo que me está pasando, se puso como un loco, llorando a lágrima viva, diciéndome que no puedo dejarle "tirado" porque eso significaría dejarle caer en el hoyo del alcohol del que le saqué, quitarle la motivación para vivir y destrozar su vida y la de las personas que "dicen" que me quieren... Y yo entonces me siento rabiosa y agobiada con él, con mis padres y con esos que "dicen" que me quieren (que palabras no son hechos, sino sombras que se lleva el viento) porque me siento vilmete chantajeada y atada de pies y manos por todas partes, porque hasta mis perros sirven de excusa para que no tenga derecho a sufrir por todo lo que he vivido y llevo dentro. Pero después del sábado, es él el que ha comenzado a amenazarme con el suicidio a cada minuto...

No sé si he podido ayudarte en algo, o si lo que he hecho es darte una razón más para querer seguir metida en tu mundo. Pero el caso es que te he contado todo esto porque entiendo lo que sientes, porque cada vez que me acuesto siempre pienso "tal vez mañana sea el día... en el que ya no tenga que levantarme más".

Pero lo cierto es que, de una manera u otra, aquí estoy y aquí sigo, y aunque esté llena de heridas, tienes mi mano tendida para que te agarres a ella si lo necesitas. Y si no, también... Porque con ello te digo que, al menos desde hoy, ya no estás sola, mi niña.

Un beso, corazón

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