Me gustaría poner de manifiesto lo que se vino en llamar "Pacto de Marivent".
"Existen afirmaciones del diputado Pablo Castellanos según las cuales existe un pacto, que podría llamarse de Marivent, entre Felipe González y José María Aznar, para evitar a todo trance contrariedades procesales al ex presidente del Gobierno."
En el libro: El negocio de la libertad, de Jesús Cacho:
En su voluminoso trabajo -Jesús Cacho, actualmente columnista en el diario El Mundo y en el semanario Época- desvela las tramas del poder en España. La idea central y obsesivamente reiterada a lo largo de la misma es la que sigue: la transición democrática que sucedió al régimen de Franco dio lugar a la instalación de otro régimen, conformado a su vez por la simbiosis PSOE-Grupo Prisa, con Felipe González y Jesús Polanco a la cabeza, y con la oligarquía de siempre (Botín, Ybarra, March, etc.) y la Corona perfectamente acoplados.
La caracterización del emporio de Polanco, los beneficios y las prebendas que le fueron concedidos por el PSOE, así como su íntima relación con esta formación política, junto a la "batalla de las plataformas digitales" -presentada con tintes épicos como un pulso de poder entre un contubernio fáctico al gobierno legítimamente elegido del PP- y algunas "hazañas" de la banda de los GAL ocuparán buena parte de este libro. En el epílogo -por no decir a lo largo de todo el trabajo- encontramos un panegírico de la gestión del gobierno "popular": sangre, sudor y lágrimas de unos chicos, los del PP, que tuvieron que plantar cara a los embates del "stablishment" de los "felipancos" y, finalmente, han conseguido que España "vaya bien".
Así y a tenor de las elecciones de 1996 que dieron paso al gobierno del PP, parece ser que en coherencia con las promesas de regenaración democrática de la vida pública que presidieron las campañas del PP, los papeles del CESID iban a ser entragados a los jueces. Al menos, públicamente partidario de ello era Rafael Arias-Salgado, candidato a ocupar la cartera de Defensa. La eventual asunción de ese cargo y la consiguiente desclasificación de los documentos en cuestión comprometerían seriamente al ex presidente del gobierno, Felipe Gozález, quien no dudó en buscar la intermediación del rey. Éste fue instado para convencer a Aznar de que eligiese otro candidato para ocupar la cartera de dicho ministerio. Y así fue que la gestión del monarca alcanzó su objetivo con el nombramiento de Eduardo Serra -hombre del régimen estrechamente ligado al rey- titular del Ministerio de Defensa. Obviamente, como sabemos, los tan deseados papeles del CESID no han sido entregados al poder judicial.
Pero en relación a un editorial aparecido en El País (2 septiembre 9 firmado por Juan Luis Cebrián, cercano a Felipe González (FG), donde Cacho apunta directamente al rey. Dicho editorial, publicado en fechas próximas a la vista por el caso Marey, daba a entender que FG estaba dispuesto a romper con el consenso constitucional. Era un mensaje que iba dirigido a la Corona: "Al final de la cadena jerárquica había un responsable político al que el sevillano apuntaba al sentirse acorralado".
De ahí su confianza en salir bien librado del asunto de los GAL. En cualquier caso, el rey habría sido puesto al corriente de las actividades de los GAL a través de los despachos habituales que mantenía con FG. "Evidentemente, la amenaza de Felipe apuntando con el dedo a Palacio habría supuesto, en caso de concretarse, llevarse por delante [...] el régimen de consenso surgido tras la muerte de Franco. Habría significado hacer saltar por los aires el modelo de poder formado [...] por esa pirámide en cuyo vértice institucional está la monarquía juancarlista, con Felipe González en el político y Jesús Polanco en el mediático. Y ello con el apoyo complaciente de las grandes fortunas del país [...] Un modelo piramidal (Juan Carlos I, Felipe y Polanco con sus infinitos guardias de corps) que en crisis desde principios de los años noventa [sic] parecía haber entrado en barrena [...] conforme se acercaba la hoa de rendir cuentas ante los tribunales de justicia, muy a pesar de la justicia misma."
En realidad, el aviso se extendía a todo el régimen más que al modelo piramidal al que se refiere Cacho. Es decir, a todos los que consensuaron el orden constitucional vigente, incluido el PP.
Así, los denodados esfuerzos del rey para echar un capote a FG ante el curso inevitable de los procesos judiciales en torno al caso GAL alcanzaron un ritmo frenético en el verano del 98: "[...] se habían celabrado hasta catorce reuniones (de Felipe con el rey, de Aznar con la ministra de Justicia, del rey con Aznar) orientadas todas ellas a salvar el escollo del terrorismo de Estado, empezando por el inminente juicio por el caso Marey, sin poner en peligro el sistema. Ello por no hablar del discreto desfile de magistrados del Supremo y del Constitucional por la Zarzuela, para pulsar la opinión de su majestad en torno al citado caso Marey".
Y entonces se selló el llamado pacto de Marivent.
Otra cosa muy interesante:
Al acceder Aznar al gobierno en 1996 solicitó una relación de gastos reservados de Presidencia, ordenando el fin de dichos pagos compensatorios a la "vedette". Obviamente, ésta protestó e incluso amenazó -llegó a denunciar que estaba siendo amenazada de muerte. La solución del "affaire" corrió a cargo del jefe de la Casa Real, Fernando Almansa, quien compró por 600 millones todo el material comprometedor que estaba en manos de una agencia de prensa extranjera. Aunque dicha solución no parece siemre del todo acertada. En una relación de carácter epistolar y al parecer muy idílica que mantuvo el rey con una italiana llamada Carla de Olghina de Robiland, no se pudo evitar que tras comprarle el material comprometedor, ésta lo publicase todo en unas memorias.
Sobre el Rey y Polanco.
7. El rey y Polanco
Tras una imbricada serie de intrigas palaciegas urdidas en la sombra de Polanco con la colaboración de Manolo, Cacho describe el irremisible ascenso del editor, llegando a convertirse en el favorito de la Corte y la caída en desgracia de Mario Conde. Como cierre de esta recensión, pasamos a transcribir algunos párrafos de cierto interés:
"La prioridad del rey de España se llama Jesús Polanco. Desde principios de los ochenta, el editor cántabro es consciente del enorme poder adquirido por su grupo sobre los destinos de la monarquía española, sabedor de que el futuro de la institución depende en buena medida de una posición contraria o favorable a ella por parte de Prisa [...]".
"En España -decía Polanco- si el diario El País toma una actitud beligerante en contra de la monarquía, la monarquía está jodida [sic]. ¿Por qué? Porque esta monarquía se basa en el consenso, llamémosle así, de los intelectuales para hacer la vista gorda y no ser agresivos con ella. Y como lo intelectuales son de El País, están en El País, si nosotros ponemos a la intelectualidad en contra, la monarquía dura dos minutos [...]".
"[...] Es el único tema realmente tabú existente hoy en los medios de comunicación españoles. Nadie sacaría nunca a relucir un escándalo que fuera creíble y afectara a la estabilidad de la institución de manera efectiva. No, desde luego, Pedrojota y El Mundo. Menos aún el ABC. Asensio, dueño del grupo Zeta [sic], es un hombre con un instinto de supervivencia demasiado desarrollado. ¿La familia Ybarra y el grupo Correo? Nadie se metería en ese lío excepto el grupo Prisa. Naturalmente, siempre y cuando hubiera una razón de peso que lo justificara. Por ejemplo, si estuviera en juego por iniciativa de un gobierno hostil la supervivencia del dinero y poder tejido por los filipancos en los últimos veinte años. Porque en ese caso pocos dudan, empezando por el propio monarca, que Polanco -solo o con ayuda de su brazo político- lanzaría un órdago sobre la mesa nacional. El republicano Polanco es, pues, el hombre que maneja el paraguas nuclear de la estabilidad institucional española. Es, al mismo tiempo, el primer defensor y la gran amenaza de la institución monárquica."
Esto es lo que deduce Cacho a tenor de todos los acontecimientos que siguieron al caso Sogecable, por los que Polanco, de no haber sido por la cobertura de altos vuelos de la que gozó y que instó al gobierno de Aznar a tener manga ancha con el editor, hubiera ido a parar a la cárcel. Aparte del poder mediático de Polanco, según Cacho, este goza de un plus muy superior basado en el conocimiento -transmitido por Manolo a cambio de la protección de Prisa- de los aspectos más sórdidos que rodean a la monarquía española.