...y me acoste con el papa de mi amiga
La esponja acarició mi clítoris en forma de círculos repetidas veces y decidí dejarla de lado para que mis dedos pudieran deslizarse dentro de mi propia concha y así sentir mis humedades más fácilmente, lo cual me excitaba sobremanera. Durante todo el tiempo en que me masturbé no pude dejar de pensar en el padre de Maria, en sus manos sobre ella, en su lengua recorriéndola, en su pene enorme atravesándola y lo que más me llamó la atención, es la imagen de mi amiga cruzandose por mi mente más seguido de lo deseado, sus gemidos me excitaban y a medida que mi mente los reproducía mis dedos entraban más profundamente en mí y mis caderas se elevaban más y más. Logré un orgasmo increíble, prolongado, uno de los más placenteros que había tenido hasta ese momento y sabía que se lo debía a ellos. Después de lavarme la vagina y los muslos, que habían quedado chorreados de mis propios líquidos, me fui a la cama. Al llegar escuché la respiración de Maria y supe que estaba profundamente dormida. Al día siguiente nos levantamos alrededor del mediodía, así que no desayunamos más que una frugal taza de café y nos dedicamos a tomar sol al borde de la piscina hasta que llegó Marcos y a la media hora la empleada nos sirvió el almuerzo en el jardín. De no ser porque yo ahora sabía lo que los unía, más allá de la relación padre e hija, nada los habría delatado. La conducta de ambos era incuestionable, pero ahora yo estaba mas alerta a los pequeños detalles y eso no pasó desapercibido para ninguno de ellos. Marcos me preguntó cuando sería el momento en el que yo le contara que tenía novio, me reí diciéndole que en verdad no estaba en mis planes ese tipo de relación siendo aun tan joven. De esa respuesta dedujo entonces que yo aun no había tenido relaciones sexuales con nadie, cosa que le confirmé sin el menor pudor. Maria, a lo largo de esta charla que tenía con su padre, permanecía callada, solo se limitaba a comer en silencio. Eso me estaba dando la pauta de que ambos sabían que yo los había visto, seguramente Maria lo supo primero y se lo comentó a su padre y eso, en lugar de inquietarme, solo me excitaba, era una sensación rara, pero real. No podía negarme a mi misma que ninguno de los dos para mi serían los mismos después de lo sucedido anoche, Maria seguía siendo mi mejor amiga, pero además había pasado a ser una mujer, su imagen gozando bajo las manos de su padre se colaban en mi mente cada vez que la miraba, me era imposible no revivir cada movimiento de su cuerpo disfrutando en aquella cama enorme. Su padre me excitaba, ahora mirarlo era casi provocarlo, de la noche a la mañana había dejado de ser el padre de mi mejor amiga para convertirse en un hombre al que deseaba, en un hombre al que quería haber tenido entre mis piernas, en un hombre que me había dejado caliente al ver como acariciaba y hacía gozar a otra mujer (porque esa había sido la síntesis de mi mente, Marcos podía hacer delirar de pasión a una mujer) y sabía que era eso lo que, de ahora en más, querría para mí. De pronto me revelé como una adolescente capaz de todo, con tal de vivir aunque sea medio segundo del placer que había espiado la noche anterior y no importaba si ese placer me lo iban a dar Maria o su padre. Ellos, sin saberlo, habían encendido la mecha de deseo que anidaba en mi interior y parecía difícil de apagar fácilmente. Ese día siguió con algo de nerviosismo para mí, pero era lógico, así que me dediqué a tratar de calmarme y ver como se iban a desarrollar los hechos, porque me quedaría dos días más con ellos y yo ya estaba dispuesta a salir de ella con la experiencia fascinante de haber conocido a Marcos como hombre o a Maria, en otra faceta que no fuera la de mi mejor amiga o hermana. A media tarde estábamos grabando música con Maria, ella se dio vuelta y mirándome fijo me dijo: -Ahora que lo sabes ¿que piensas hacer?"-. La pregunta me sorprendió, pero solo porque estaba fuera de contexto, no porque no la esperara. -Nada Maria ¿Qué quieres qué haga? Solo decirte que estoy dispuesta a charlar contigo si quieres, a escucharte si eso necesitas, nada más-. Me dijo que hace rato que debería habérmelo contado, pero que no se animaba, que esto venía sucediendo desde hacía tiempo, que al principio ella no podía manejarlo, que sentía culpa y vergüenza, pero que aprendió a disfrutarlo, aprendió a gozar de todo aquello, que su padre le enseñó todo lo que ella sabía y que hoy por hoy, era ella la que lo buscaba en más de una ocasión. Me comentó que de ninguna manera esa relación que tenía le impediría tener novio el día de mañana, pero que por ahora, al igual que yo, no creía que eso pudiera suceder. Así mismo quiso saber que me había sucedido a mí, cuando descubrí el secreto de ambos. Le respondí que al principio quise irme, quería salir corriendo de allí sin volver a verlos jamás, pero que después no pude resistir la tentación de quedarme y ver. Dada la gran confianza que nos unía, la conversación no fue para nada tirante y en más de una ocasión nos reímos a medida que Maria iba compartiendo conmigo detalles de lo que hacía con su padre y yo le dejé entrever que Marcos me había dejado bien caliente, que me encantó verlo como alguien más que como su padre y hasta llegué a decirle, en tono de broma, que un día me lo "Prestara" para poder pasar un buen rato con él. Una noche cenamos los tres juntos, vimos un video y Maria y yo nos fuimos a dormir mientras que Marcos se arreglaba para salir. Llevaríamos más de una hora dormida cuando comenzó a sonar el teléfono y como Maria no daba muestras de atender y no había extensión de línea hacia los cuartos de los empleados, no tuve más remedio que bajar semidormida a atenderlo. Era un llamado de larga distancia para Marcos, tuve que decirles que no estaba, tomé el mensaje y dormida como estaba, anoté los datos de quienes llamaban en una hoja que había a tal efecto al lado del aparato. Me disponía a subir al cuarto cuando se abrió la puerta de la calle y entró Marcos, se notaba que recién llegaba de su salida nocturna. Me saludó normalmente y me preguntó que hacía levantada a esa hora así que aproveché para darle la notita que le había escrito con los datos del llamado. Luego de leerlo, sus ojos se deslizaron hacia mí, sus pupilas se clavaron en las mías y comenzaron a bajar lentamente por mi cuerpo, con una fuerza tal que me daba la sensación de que mi pijama color azul se había vuelto transparente. Me quedé allí parada como congelada hasta que una de sus manos se acercó a mí y con un dedo comenzó a recorrer el borde de mi pijama de arriba hacia abajo, dejando que a veces se deslizara hasta más allá de la línea de botones y llegara a acariciar el nacimiento de mis pechos. Mi reacción no se hizo esperar, mis pezones comenzaron a endurecerse bajo la seda del pijama azul y mi respiración se agitaba minuto a minuto. -Así que nos viste?- Me decía Marcos susurrándome en el oído, con voz ronca, sin dejar de acariciarme por sobre la seda del pijama. -Sí- logré responder solo con un hilo de voz. -Y te excito, ¿verdad? -Sí-, mucho.- -Y querías saber que se siente, ¿verdad?- Preguntaba mientras seguía torturándome con sus manos sobre mi cuerpo que no dejaba de responder a sus caricias. -Sí, me encantaría.- ¿Maria no te contó lo que se siente?- Seguía preguntándome sin dejar de acariciarme. -Algo, pero quiero más, quiero saberlo por mí misma.- Sus manos estaban haciendo estragos en mi cuerpo, sus dedos ya habían desabrochado dos botones de mi pijama y habían llegado a la curva de mis pechos sin problemas. Seguíamos parados al borde de la escalera, yo suspirando bajo sus manos y él explorándome sin tapujos. Mientras una de sus manos iba de un pecho al otro, la otra comenzó a abrirse camino desde mi estómago hacia mi vientre, siempre por sobre la tela del pijama. Me di cuenta como había comenzado a abrir las piernas para que él pudiera llegar a donde quisiera sin obstáculos, facilitándole el camino hacia mi entrepierna que era donde quería tenerlo. -Vayámonos de acá, vamos a mi cama.- Así fue como de la mano me llevó hasta su cuarto y al pie de su cama, comenzó a besarme el cuello, muy lentamente dejaba deslizar su lengua por él, se metía en mis orejas, sus dientes mordisqueaban mis lóbulos y sus manos acercaban mis caderas a las suyas para que pudiera ir sintiendo su excitación, su dureza entre las piernas, su pene que estaba comenzando a calentarse lentamente. ¡Que fantástico cuerpo tienes! ¡Me encantan tus pechos!...- -Muérdemelos- me escuché decir sin poder creer que esa fuera mi voz. Marcos no perdió tiempo y me sacó la parte de arriba del pijama para poder tener mis pechos libres, a su merced. Su boca comenzó a deslizarse sobre ellos, su lengua los mojaba y subía y bajaba por mis pezones, endureciéndolos más aun, sus labios los encerraban y pude sentir como sus dientes afilados los mordían. Yo no podía creer que tanto placer fuera posible, pero aun me faltaba tanto más. A medida que la boca trabajaba sobre mis pechos yo sentía que mis entrañas se hacían líquidas, que me convertía en fuego por dentro y seguía queriendo más y más. Quiero olerte... -Si- pude responder con voz muy baja, estaba quedándome sin aliento. Lentamente me recostó sobre el borde de la cama y me fue quitando los pantalones del pijama, notando que estaban empapados en la entrepierna. -Estás muy mojadita- Me gusta el olor que quedó en tu pijama. Veamos el que tienes allí... ¡huéleme, huéleme, por favor!- Con gran delicadeza me abrió las piernas y antes de enterrar su cara allí, me miro y me dijo: -Tienes una concha preciosa, bebita. Me fascina ver esa leve pelusita. Veamos cuan suave y tierna es- -Pruébala, ¡es virgen!- No tardó en colocar su cara allí y pude sentir como su aliento rozaba mis labios mayores, como su nariz absorbía ese olor característico que yo emanaba cuando me excitaba y su lengua se deslizaba por mis muslos, lamiendo mi carne caliente. -Que divino olor a hembra- ¡Que caliente que estoy, querida!- -Seguí, seguí- le pedía muerta de calentura. -Te voy a enseñar igual que le enseñé a Maria. Ahora quiero chuparte suavemente esa concha tiernita y virgen... Quédate quieta, mi amor.- Y su lengua comenzó a transportarme, sentía como se metía dentro de mi agujero, entraba y salía, se llenaba de flujo y lo repartía por toda mi concha, como se posaba en mi clítoris y se movía en círculos chiquitos, lo empujaba hacia dentro y cuando este respondía saliendo, lamía la parte sensible haciéndome saltar de gozo en la cama. ¡Tienes un sabor delicioso!- Esa boca me estaba matando, me mordía levemente el clítoris, sentía como me lo chupaba entre sus labios, como combinaba sus dientes con su lengua, pero el placer máximo fue cuando, mientras no dejaba de lamerme el clítoris, me metió un dedo en el agujero y comenzó a moverlo en redondo, como lo dejaba apoyado en las paredes internas de mi vagina y lo sacaba arrastrando, súper mojado y con el mismo dedo esparcía el flujo alrededor de mi concha que ardía de deseo. Así recostada sobre el borde de la cama, alzó mis caderas y dejó frente a sus ojos mis dos agujeros, uno trabajado por su lengua y su dedo, el otro palpitante y virgen aun de todo contacto. -¡Me calienta tanto saber que eres virgencita, nenita! decía, al mismo tiempo que con el dedo mojado de mi flujo trazaba círculos alrededor del agujero de mi culo. -¡No pares!- era lo único que podía pedirle. Su lengua ahora recorría los dos caminos, de mi concha a mi culo y a la inversa, iba y venía, iba y venía y yo sentía que estaba dejando estelas de fuego a su paso. -Ahora te toca a vos, mi amor- Ahora te toca a ti darme algo a mí- me dijo con voz ronca. Me sentó en el borde de la cama, se desprendió su pantalón y con mis manos lo fue bajando hasta que saltó ante mis ojos su imponente pene, ese que la noche anterior me había dejado loca de excitación. -Tómalo delicadamente entre las manos y llévatelo a la boca, tesorito... Pruébalo, deja que tu lengua lo recorra, como si fuera un helado, el más rico que hayas probado.- Recordando lo hecho por Maria la noche anterior, lo tomé entre mis manos y mi lengua comenzó a recorrerlo de arriba hacia abajo, en ese camino sentía como crecía bajo mi lengua, como palpitaba y veía la cara de Marcos, como entrecerraba sus ojos para disfrutar de aquello. -La puntita, mi amor, chupame la puntita-. Con mis labios encerré esa puntita y me fascinó lo caliente que estaba, como vibraba, parecía que tenía vida propia: lo dejé apoyado en forma vertical sobre su propio vientre y lo empecé a lamer desde los huevos hasta su punta, le lamía las paredes internas y bajaba nuevamente hacia sus huevos, sentía como si eso lo hubiese hecho toda la vida y me encantaba. De pronto sentí que no necesitaba sus indicaciones y comencé a actuar sola, abrí mi boca engulléndome uno de sus huevos, lo dejé dentro de mi boca, dejé que mi lengua lo lamiera allí dentro y lo solté despacio, dejando que mis labios se arrastraran sobre el al salir para después hacer lo mismo con el otro. Sus gemidos me alentaban a seguir y sus manos ahora empujaban mi cabeza hacia su ingle, metiendo y sacando su pene de mi boca en un inequívoco gesto de cogerme por la boca, cosa que a mí me puso como loca. -Eres fantástica, mi virgencita- repetía entre gemidos. Y seguía masturbándolo con mis manos y mi boca, seguía dándole el placer que me había pedido, pero yo lo quería dentro de mí, así que antes de su leche saliera (como había salido la noche anterior en la boca de Maria) lo alejé de mis labios y lo bajé a mi entrepierna, diciéndole: -¡Ahora me vas a coger como cogiste a tu hija! De acuerdo ¡Ahora vas a saber lo que es el placer!- Con sumo cuidado acercó la punta de su pene a mi concha ardiente y comenzó a presionar. -Qué divina es tu conchita- ¡Ábrete más amor, dame tu concha ardiendo!- Y de un solo empujón, me lo metió completo, dejándome sin aliento, pero con fuerzas suficientes como para empezar a moverme a su ritmo. -Ahora sí ¡A gozar mi niñita! Movete amor, ¡goza!- ¿Que grande que es? Metemela más adentro, Marcos. Méteme esa pija tan divina, quiero más y más - Sentía como sus caderas golpeaban las mías y mis manos no dejaban de estrujar mis pechos y pellizcar mis pezones, sentía que mi cuerpo era una sola llama, pero estaba feliz porque ese pene me estaba partiendo por dentro y la fricción de cada salida y entrada me estaba dando un placer infinito. ¡Más adentro por favor! ¡¡Méteme la pija más adentro por favor!!- Sentía que me gustaba decirle la pija. Estaba ebria de placer y lo insultaba de tanta calentura. ¡Metemela mas hijo de ... ¡Mucho más que a tu hija! Él tomó mis piernas y las subió a su cuello, dejando un nivel de apertura increíble y seguía empujando, seguía horadando mi interior y mis manos se asían a las sábanas ante cada empujón. ¡Me estas partiendo, mierda, pero me encanta! Ah... ¡como me gusta!- Así como estábamos, con su pene dentro de mí, me tomó de los hombros, me levantó de la cama, me pegó a su pecho, giró en redondo, se acostó y me dejó sentada sobre su ingle, con sus manos sobre mis caderas subiéndome y bajándome, sentada sobre su pene, cabalgándolo como la más brava de las yeguas. -¡Humm, así que encontré a mi putita privada! Eres la mejor amiga de mi nena, la que más me gusta. ¡La más putita! ¡No dejes de moverte!- Llevé sus manos a mis pechos para que los manoseara bien y, apoyando las mías a los costados de su cuerpo, comencé a subir y bajar mis caderas sobre las suyas, bombeando y tragando con mi concha desvirgada ese pene fabuloso que me acercaba lentamente a la gloria. - ¿Te gusta, papito? ¿Así te gusta?- El solo gemía y apretaba mis senos descontroladamente. Cuando sentí que una oleada de calor más intensa me estaba recorriendo me separé de él y alcance a colocar mi boca sobre su pene para poder succionarlo una vez más antes del final. -Quiero acabarte en la boca, mi nena virgen!-. -Acá estoy, sácala, saca la misma leche de ayer-- fue mi ruego desesperado. Entre lamida y lamida pude sentir como esa leche tibia subía hacia la superficie y pude saborear la miel que le había dado ayer a Maria, pude sentir esa espesura entre mis labios y escuchar su gemido extenso, que se desparramó por toda la habitación. Ah ¡Eres sensacional, mi vida! Aun hoy recuerdo el momento que había cambiado mi vida para siempre. Después de lo que había visto entre Maria y su padre y lo que había vivido yo sola con él, ya estaba fuera de mí, tenía la sensación de que se habían terminado los límites y que mi adolescencia había dado paso a una etapa en mi vida, donde solo quería conocer el placer de los adultos, el placer que se experimenta a cualquier nivel sexual, sentía que no había fronteras para mi deseo. Después de aquella increíble experiencia con Marcos me di una ducha y me acosté.
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